Los convidados de plata de la democracia española

Pocas veces a un cuerpo electoral se le brinda la posibilidad de pronunciarse sobre una situación tan caliente, con las heridas expuestas y las opciones tan a flor de piel como al pueblo de España en la jornada de ayer domingo.

Inmediatamente después de los atentados criminales del día 11 varios analistas conspicuos sentenciaron que tanto el Estado español como las demás potencias de la Unión Europea tendrían que prepararse para convivir con el terrorismo.

Apuntaban a la necesidad de transitar, medida más decreto menos, el mismo camino escogido por Bush después de los atentados de 2001.

Vale decir acentuar las medidas de contralor, restringir las libertades, desmoralizar las disidencias y ahogar o reprimir las expresiones de protesta ante el avance del contralor autoritario.

Como sucede con demasiada frecuencia, este tipo de sentencias y esta especie de analistas se equivocaron en un aspecto sustancial: perdieron de vista la existencia de varios factores que no estaban bajo el contralor del Estado y del gobierno bushiano y neofranquista de Aznar.

Que no todo sería manipulación mediática.

Que a la manipulación mediática, en ancas del dolor y la indignación por los crímenes de Atocha, tendría una contención.

Que había otros protagonistas en la conformación de la opinión pública de los pueblos de España.

Frente a la ocultación y la mentira, hubo quienes difundieron las dudas, denunciaron las incoherencias y denunciaron las maniobras del gobierno Aznar.

Esos comunicadores alternativos, esos apasionados por la pregunta y la búsqueda de la verdad, no estaban previstos en los pronósticos oficiales y en los análisis «científicos» de ciertos «consultores desinteresados»

Al intento de gobierno de canalización electoral del crimen y del drama de la estación de Atocha, en todos los rincones de España hubo sanas incredulidades, pronunciamientos críticos y advertencias a los electores que horas después del atentado tendrían que pronunciarse de un modo u otro en relación a la actitud asumida por el gobierno.

El convidado de piedra de la democracia española fue esa actitud crítica, fue ese anhelo de verdad, ese reclamo de respiración en busca de una bocanada de aire fresco que la comunicación oficial impedía. Una expresión de coraje en la protesta.

Esa acción estatal orweliana, del gran hermano que castra e impone, ese sistema de propaganda que con sus discursos, comunicados y trascendidos pretendió inducir al cuerpo electoral a hacer del domingo un acto de reafirmación del neofranquismo y de la política de obsecuencia a los dictados de la política exterior de Bush es el convidado de piedra de las nuevas democracias semiautoritarias que han respaldado la acción criminal en Irak.

 

Esa es la noticia.

Pero hay otra novedad, más fresca, más nueva, más estimulante.

Frente a los convidados de piedra de la «en la mise en escene» de Aznar han surgido han sido los convidados de plata de la democracia española.

Los jóvenes manifestantes contra la mentira. Los periodistas y comunicadores. Los militantes políticos.

Los convidados de plata, los críticos y los cultores de la decencia hicieron posible el extraordinario triunfo del Partido Obrero Socialista Español liderado por Rodríguez Zapatero.

La espectacularidad del vertiginoso ascenso electoral socialista de los últimos días es un indicador de la vitalidad de la sociedad civil democrática y aquel sistema político.

Cuando todo parecía en España preparado para el más gris y decadente de los continuismos, los convidados de plata y los partidos de la izquierda española hicieron posible la límpida irrupción de la voluntad del pueblo reclamando verdad y paz, decencia en los asuntos públicos y respecto por la dignidad de la ciudadanía.

No todos los días el mundo recibe una tan gratificante lección, una tan enérgica poción ética. Un tan categórico triunfo de la rebeldía ante la injusticia. No todos los días se nos da esa alegría y esa confirmación que vale la pena continuar irguiendo la vieja adarga del castellano indómito.

La victoria del PSOE ha sido una gran lección y un fuerte estímulo a toda una manera de entender y practicar la democracia. Y un mentís y un basta ya a la manipulación del poder y los medios que le son incondicionales.

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