Confusión española

Mañana se realizan elecciones en España, comicios signados por el brutal atentado terrorista que, seguramente, tendrá su influencia en el resultado. El escenario electoral, sin duda, tendrá modificaciones, porque en la cabeza de muchos de los sufragantes está anidando la confusión, el dolor y la intranquilidad. España, sin duda, luego de este 11 de marzo ha cambiado. Pero desde esta columna no nos atrevemos a elucubrar, sería irresponsable, sobre cambios sustanciales en las definiciones del electorado, sin descartar que se puedan dar.

A esta altura de los acontecimientos, quien crea en la versión que le atribuye la responsabilidad al grupo islámico Al Qaeda en el atentado, puede a la vez cuestionar al gobierno de Aznar por su política de agresión a Irak. Los estrategas del propio Partido Popular (PP) quienes reiteran hasta el cansancio su versión de la responsabilidad de ETA, así lo han comprendido, aunque las pruebas no son para nada contundentes y se están diluyendo una a una. Y para ello han manipulado de manera evidente la información, algo que los uruguayos que han visto las emisiones de la Televisión Española, han podido comprobar. Pese a ello, debemos reconocer los antecedentes que existen, que muchos españoles tienen en cuenta y que no debemos desconocer.

Por algo la ministra de exteriores de España Ana Palacios –en una insólita circular — ordenó a todos los embajadores que sigan sosteniendo en «cada ocasión», y más allá de las pruebas existentes (agregamos nosotros), la responsabilidad de ETA en el atentado.

Los anuncios sobre la presunta responsabilidad de la red Al Qaeda han descolocado a muchos indignados ciudadanos que, en un primer momento, creyeron que lo ocurrido en la capital de España era otra acción terrorista de ETA. Visión en la que colaboraron los gobernantes españoles que, a los pocos minutos de la detonación de los artefactos explosivos, sentenciaron sobre las culpas de quienes responsabilizaron de la matanza.

Es que la ciudadanía española tiene mañana domingo una cita con las urnas. Estarán participando de una fundamental y única expresión democrática por lo que es una lástima que la acción criminal –por la confusión sobre las responsabilidad de la matanza — haya determinado el crecimiento de la confusión.

Algunos se preguntan si el escenario electoral podría modificarse luego de lo ocurrido el 11 de marzo. De consolidarse la versión de la responsabilidad de ETA, parecería que muchos tratarían de refugiarse en las posiciones más conservadoras y ello es lo que trata de consolidar el PP, sin que la verdad histórica sea de importancia primigenia para su campaña ni que desvele a los voceros del gobierno de Aznar.

La ciudadanía está aturdida, desconcertada, porque no hay categorías en la mente de nadie para integrar una matanza de estas proporciones lo que, quizás, cuando se conozcan otros detalles, pueda comenzar a consolidarse en líneas de acción definidas.

La mejor respuesta al terrorismo –sin olvidar las andanzas del propio Aznar apoyando la guerra preventiva contra Irak– es la consolidación de la democracia. Y los españoles, mañana domingo, tienen la oportunidad de poner las cosas en su lugar, votando por el oficialismo o la oposición.

Pero, es evidente, han pasado pocas horas de la nueva explosión de barbarie y es bien posible que no haya prendido todavía en la mente confundida de los españoles la comprobación de quiénes son los responsables de la barbarie.

Y en ese panorama confuso, la reacción de cualquier sociedad es replegarse al conservadurismo. *

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