¿Cuál es la crisis que finalizó?
El economista Daniel Olesker, en un enjundioso trabajo, indica que si bien la crisis que sufrió el país finalizó, ello no ocurrió en absoluto por el buen manejo de la política económica, «sino que ésta, por el contrario, ha sido la responsable de la profundización y alargamiento de la misma». Crisis anota también Olesker «que fue el resultado de la aplicación de un modelo de crecimiento vulnerable, excluyente y efímero que, inevitablemente, llevaba a la crisis. La crisis ha finalizado entre otras cosas porque los salarios han bajado sustantivamente (tanto en dólares como en pesos) y ello ha permitido recuperar rentabilidad» en algunos sectores económicos, pero agregamos nosotros sin revertir la mayoría de las situaciones que se mantienen intactas en una sociedad brutalmente empobrecida.
De lo dicho por Olesker surge que el camino recorrido por los últimos gobiernos y, en especial por el encabezado por Jorge Batlle, no ha contribuido en nada al progreso del país, ni siquiera en el marco teórico. El país escapó momentáneamente de la crisis en razón de que los precios relativos de Uruguay bajaron. Pero hay que tener claro que como consecuencia de ello se produjo un empobrecimiento generalizado con el que se excluyó a más de una cuarta parte de la población que se encuentra viviendo por debajo de la línea de la pobreza.
Un proceso brutal de transferencia de recursos hacia sectores específicos, especialmente el sistema financiero internacional, mientras los asalariados, los funcionarios del Estado, los jubilados, los pensionistas, etc., han sufrido un proceso de deterioro de sus ingresos que, invariablemente, afecta al mercado interno que, primero entró en recesión, con precios que vivieron también el dañino proceso de la deflación (podemos, para ello, observar lo ocurrido en la venta de vehículos usados, o en la «línea blanca» de electrodomésticos), para luego desembocar en la caída generalizada de empresas que producían tanto para el mercado interno como para la exportación.
Es que como lo hemos reiterado muchas veces una de las patas de la producción nacional está afirmada en el mercado interno; y, al perder sustento, hace que todo el andamiaje se derrumbe, especialmente cuando sabemos que no existen mercados externos que puedan sobrellevar sin vaivenes todo el peso de una producción de otro país.
Ellos, además de ser inestables, se rigen por niveles de precios en los que el país no puede influir por lo cual es evidente que no existe ninguna producción de largo plazo que se pueda mantener sin tener una apoyatura interna.
Esto nunca lo ha comprendido el gobierno, que recurre siempre, para tapar los agujeros de su deficitaria gestión, a sancionar a los ciudadanos que tienen ingresos fijos. En los años 2002 y 2003 el salario real cayó en un 15%. Una cifra que se debe sumar a la caída de ingresos que se ha producido desde 1998, cuando se produjo la devaluación en Brasil.
La crisis ha terminado desde el punto de vista técnico. El déficit comercial se ha achicado gracias a la coyuntural exportación de carne.
Lo que no cambia es la situación de los uruguayos, una sociedad que se encuentra congelada, con males que no se puede erradicar en el marco de un brutal achicamiento del gasto estatal que sigue afectado a la totalidad del país. *
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