Deuda sobre deuda para pagar la deuda

Argentina se encuentra en una instancia de definición en las negociaciones con el FMI relacionadas con su deuda externa. En la sección especializada respectiva y en las notas de nuestro corresponsal en Buenos Aires, el lector ha podido interiorizarse de la génesis del problema, de sus condicionamientos (en su origen y ahora) y de los últimos avatares. Aquí procuramos situar el tema en el contexto de la deuda externa latinoamericana, tal como surgió en la Cumbre del Grupo de los 15 (que en realidad abarca a 19 países de América Latina, Africa y Asia) efectuada en Caracas en los dos últimos días de febrero.

En una puesta a punto del presidente venezolano Hugo Chávez en la apertura de la reunión, se destaca que la deuda externa regional, inexistente al término de la Segunda Guerra Mundial, alcanza hoy 750 mil millones de dólares. Es la más elevada del mundo en términos per cápita, y en varios países sobrepasa la mitad del Producto Bruto Interno (PBI). Esta cifra, y las cuantiosas sumas drenadas año a año para el pago de intereses y amortizaciones (sangre que se nos va) influye considerablemente en el hecho de que el nuestro sea el continente de la máxima desigualdad social, de más inequitativa distribución del ingreso.

En efecto: sólo entre los años 1990 y 2002 América Latina entregó como pagos por su deuda externa la suma de 1:528.000 millones de dólares (o sea: 1,528 billones de dólares, ya que en nuestros países el billón designa un millón de millones).

Esta cifra duplica con creces el monto total de la deuda actual y representó un promedio de pagos anuales por 118 mil millones de dólares. «Es decir –argumentaba el presidente Chávez– que cada 6,3 años se paga la totalidad de la deuda, pero esta carga perversa continúa allí inmutable e inextinguible. ¡Es una deuda eterna!».

En épocas anteriores al golpe, cuando este fenómeno no había alcanzado su dimensión actual, en nuestro país la izquierda denunciaba el mecanismo infernal que consitía en contraer deuda sobre deuda para pagar la deuda, hipotecando de esta suerte el futuro del país. Esta es la política que se ha seguido aplicando a ritmo acelerado.

Las cifras mencionadas se confirman con otras proporcionadas por el canciller cubano Felipe Pérez Roque en reciente visita a Buenos Aires, precisamente. Tomó como punto de partida una fecha anterior, al año 1985, y señaló que en esa fecha la deuda externa de América Latina era de 350 mil millones de dólares. Ahora está a más del doble (750 mil millones de dólares), a pesar de que ese monto inicial ya ha sido pagado varias veces. Más se paga y más se debe, en un ciclo infinito, que nunca se cierra, lo que revela la injusticia intrínseca de todo el sistema. Decía el presidente Chávez en la reunión aludida: «Es evidente que esta deuda va mucho más allá de los normales y razonables compromisos de pago por parte de cualquier deudor y se ha convertido en un instrumento para la descapitalización de nuestros países, además de la imposición de medidas socialmente dramáticas, que luego van generando poderosos factores políticamente desestabilizadores para los gobiernos que insisten (algunos) en aplicarlas».

En las instancias que estos días se dilucidan están en tela de juicio, en el fondo, el neoliberalismo y el pensamiento único que lo sustenta. Este ha perdido hoy su carácter de verdad revelada de obligatoria aplicación universal y se está batiendo en retirada ante el fuego cruzado de la crítica desde diversos ángulos. La realidad latinoamericana aporta nuevas evidencias en este sentido. El modelo neoliberal prometió que después de un período de ajustes dolorosos pero impresciendibles, el cuerno de la abundancia se derramaría sobre América Latina dejando atrás la pobreza y el subdesarrollo.

Pero el ajuste es permanente y pretenden eternizarlo. En 1980 (que podemos tomar como inicio del ciclo neoliberal) era pobre alrededor del 35% de la población latinoamericana. «Después de más de dos décadas de neoliberalismo –decía Chávez– el 44% de los latinoamericanos son pobres. La pobreza castiga con particular crueldad a los niños.

En América Latina la mayoría de los pobres son niños y la mayoría de los niños son pobres. A fines de la década de los 90 la Cepal informaba que el 58% de los niños menores de 5 años eran pobres, y lo eran también el 57% de los niños de 6 a 12 años». Con la particularidad de que este fenómeno se refuerza y perpetúa con la desigualdad del acceso a la educación. Estos son los temas medulares del debate de estos días.

En contraposición con este cuadro de pobreza y hambre, extendido a buena parte del mundo, la riqueza se concentra en pocas manos. Bill Gates es dueño de la mayor fortuna, con 46 mil millones de dólares, a pesar de los juicios y sanciones a Micrsoft por prácticas monopólicas y de sus acciones filantrópicas (que se descuentan de los impuestos).

Según Forbes, la lista de las personas con más de mil millones de dólares aumentó en 64, para un total de 587, las cuales manejan cifras superiores a los presupuestos de muchos países del Tercer Mundo. *

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