Peligrosa abundancia de armas nucleares

El hecho de no haber encontrado las armas de destrucción masiva anunciadas por el gobierno norteamericano como pretexto para el ataque y posterior ocupación de Irak, ha colocado al señor George W. Bush en una posición bastante incómoda frente a la opinión pública de su propio país, una parte considerable de la cual parece estar saliendo del estado de inconsciencia patriótica y belicista al que se la había conducido por impulso del gobierno.

Parece bastante claro que las tales armas no están y, por lo menos desde hace ya unos cuantos años, no han estado en territorio iraquí.

Como contrapartida, desde diversas tribunas, numerosos expertos en cuestiones armamentísticas advierten sobre la velocidad con que se extiende en algunas zonas explosivas del planeta el desarrollo del armamento nuclear.

Un experto en cuestiones internacionales, Immanoel Wallerstein, ha descrito la situación en términos alarmantes: «En la vida real, no hay duda de que Corea del Norte e Irán trabajan intensamente en el desarrollo de armas nucleares. Es probable que otros países también. Los paquistaníes tienen mucho interés en apoyar estos despliegues. Es seguro que el gobierno estadounidense ansía que no haya más proliferación por parte de otros, mientras mejora, sin atosigarse, sus propias armas nucleares. Y los servicios secretos mundiales (tal vez la misma Agencia Internacional de Energía Atómica) saben más o menos lo que ocurre y lo saben hace mucho. Es más, hay muchísima gente, en el mundo occidental y en el resto del globo, que gana mucho dinero impulsando este tráfico y tienen toda la intención de ganar más.

Por supuesto, Israel es, desde hace más de 30 años, una potencia nuclear no reconocida, y está en condiciones de efectuar lo que esté a su alcance para evitar que otros adquieran estas armas, especialmente los que en la región le son hostiles, como Irán. Pero de nuevo, no puede hacer tanto. Bombardear las instalaciones iraníes sería una maniobra muy peligrosa, aunque claro, pueden arribar a esa decisión como los últimos realmente creyentes en la realpolitik.

No hay por qué hacer gran alharaca del asunto: un buen número de regímenes saben que su posibilidad de sobrevivir depende de contar con amenazas creíbles, especialmente cuando los vecinos también las tienen. Miren Corea del Norte. Si ustedes fueran las autoridades norcoreanas, ¿confiarían en que Estados Unidos no emprenderá alguna acción militar contra ustedes, algún día?»

La situación descrita por el historiador norteamericano, que en algunos casos adquiere un alto grado de peligrosidad, parece agregar algunos argumentos más a los sombríos pronósticos formulados por los fundadores del socialismo a mediados del siglo XIX, cuando Marx anunciara que el capitalismo termina por poner en crisis y amenaza de destrucción a los dos factores creadores de riqueza, en este o en cualquier modo de producción posible: la fuerza o capacidad de trabajo (a través de su explotación o exclusión) y la tierra por su destrucción y agotamiento. Como se ha señalado, el desarrollo del capitalismo destruye al sujeto productor y al entorno ecológico.

En ello consiste la evidencia de la catástrofe actual. Frente a esta amenaza, que puede conducir a la barbarie, se hace necesario construir una alternativa histórica basada en propuestas societarias basadas en la cooperación, las relaciones pacíficas y la justicia social. *

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