La crisis del dólar y las naftas

Parecería que en estos días, fuera del cronograma establecido con el Fondo Monetario Internacional (FMI), aumentaría nuevamente el precio de los combustibles y de los demás derivados del petróleo en razón de que el precio del barril, en el mercado internacional, ha superado los 36 dólares y, por supuesto, las previsiones de nuestros gobernantes y de Ancap, que tenían planificado de acuerdo con lo acordado con el FMI, que el próximo incremento sería en abril.

Es bueno aclarar lo que significa el crecimiento de los precios del barril de petróleo y las razones de ese proceso que parece imparable. La OPEP está más que preocupada por la progresiva devaluación del dólar frente al euro. Se debe tener en cuenta que desde siempre el petróleo se vende en la moneda norteamericana. La organización que agrupa a los países productores de petróleo está viendo, día a día, cómo sus ingresos caen progresivamente conforme al derrumbe del dólar. Y dado que los países productores de petróleo luego dan la vuelta y compran la mayoría de sus bienes y servicios a la Unión Europea y deben pagar en euros, su poder adquisitivo continúa deteriorándose (el euro se cotiza actualmente a 1,27 dólares).

¿Cómo afectará a los precios del petróleo un dólar más débil? Philip K. Verleger, el decano de los analistas estadounidenses del mercado del petróleo, y en la actualidad miembro invitado del Instituto para la Economía Internacional, sugería hace algún tiempo que «era posible que los países exportadores de petróleo decidieran ajustar su banda de precios para contrarrestar la devaluación del dólar». Y ya lo están haciendo. Si el dólar prosigue su descenso, podríamos ver cómo los precios del petróleo subirán desde los actuales 36,66 dólares por barril hasta un máximo histórico e indefinido

Pero también otros nubarrones se ciernen en el horizonte petrolero. Las reservas de crudo de Estados Unidos se encuentran en su punto más bajo desde mediados de los años setenta, y el mercado funciona con un escaso margen de reserva a medida que el país del norte se acerca al verano, cuando un mayor número de desplazamientos hará crecer la demanda de gasolina.

Analistas también han predicho que el crudo puede alcanzar el máximo de 40 dólares por barril en pocas semanas. Por otra parte la OPEP remató las desgracias con el anuncio de que iba a recortar su producción en un 10%, lo cual determinó que el petróleo escasee aun más en los mercados mundiales. Los mismos observadores cuentan con que la OPEP continúe manteniendo la producción en niveles bajos para que el precio del petróleo siga siendo lo suficientemente alto como para compensar la devaluación del dólar.

El resultado final de todo esto para los consumidores es que la menor cantidad de petróleo disponible, las menores reservas, harán trepar los precios en los países del área del dólar, como es Uruguay. Ello, además, con un gobierno –como es el nuestro– que lo único que entiende es traspasar esas situaciones negativas a los consumidores que se verán victimados de nuevo por una crisis que no les compete: la del dólar.

Hay que ver, dada las características de la situación, si el gobierno no tratará además — con la voracidad que le conocemos– de incrementar los combustibles en la próxima semana para dar otro golpe sobre los consumidores en abril, tal como es el acuerdo con el FMI.

Por supuesto que no le debe haber pasado por la cabeza ni al ministro de Economía, ni al director de la OPP, ni al Directorio de Ancap estudiar una rebaja impositiva que podría comenzar a concretarse simplemente congelando el porcentaje que se impone a cada litro de combustible. Porque, en realidad, en pesos uruguayos, el Estado tendrá otro incremento porcentual e importante en su recaudación cuya culpa, obviamente, la adjudicará a los jeques de la OPEP. *

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