El hambre sigue golpeando
Una información proveniente de Bella Unión, de la que da cuenta LA REPUBLICA en su edición del sábado 6, señala que una niña de doce años sufrió un desvanecimiento en plena vía pública, como consecuencia de una inanición prolongada.
Como si hiciera falta este tipo de confirmaciones por demás dolorosas para asumir que en nuestro país –un país esencialmente productor de alimentos– hay gente que pasa hambre, la noticia divulgada desde una región que hasta no hace mucho se consideraba un «polo de desarrollo» vino a golpear directamente al rostro de una clase política cuya insensibilidad raya en lo criminal.
De acuerdo con dicha información proporcionada por nuestro corresponsal, Miguel Irrazábal, la niña que sufrió el desmayo, su madre y dos hermanos menores no habían ingerido alimentos durante tres días. El hecho podría motivar algún comentario irónico si lo trágico de la situación no desechara cualquier intento de humor por razones éticas.
La peripecia de estos uruguayos, que se inscribe en el marco dramático de una realidad de pobreza generalizada en un país donde abundan los alimentos, se convierte en una paradoja brutal y sublevante. Los casos de desnutrición infantil, los niños que se alimentan de pastos, son el rostro visible de una crisis que golpea a todos pero de la que son responsables sólo los diversos hombres, partidos y fracciones que se han sucedido en el poder desde los orígenes de la nación.
Que un Estado ganadero y agrícola, es decir con una economía de base esencialmente agraria, no sea capaz de satisfacer las necesidades alimenticias de sus habitantes (pocos habitantes, por otra parte) es un síntoma inequívoco de que la conducción de la cosa pública ha sido equivocada. De nada vale hacer referencia a la crisis bursátil de Asia, al efecto tequila, a la devaluación brasileña o al crac argentino. Aquí no se trata de encontrar chivos expiatorios ajenos. Es menester que quienes han tenido en sus manos los destinos del país y los resortes del poder para llevar a cabo su programa de gobierno (y las promesas solemnemente anunciadas para tener el apoyo del electorado) asuman de una buena vez su responsabilidad y procedan a un mea culpa frente a la sociedad. *
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