Producir para el mundo
En su pasaje por Uruguay el canciller de Nueva Zelanda, doctor Mon Phil Goff, en varias notas y reuniones, habló de cómo su país había progresado y avanzado en el mundo a través del comercio internacional. El canciller Goff expresó que los actuales logros de Nueva Zelanda estaban basados en la corrección de los errores del pasado.
Es así que explicaba que ellos hasta la década del 60 le vendían el 90% de la producción al Reino Unido, lo cual limitaba la diversificación de la producción.
Es a partir de los 60 que Nueva Zelanda se da cuenta de su equivocación, la analiza y se abre al mundo y comienza a producir para el mundo, lo que el mundo precisaba.
Comienza ahí la era de la diversificación y exportación de nuevos productos, comienza la exploración de los mercados mundiales para saber qué era lo que el mundo precisaba.
Comienza la era en que Nueva Zelanda se da cuenta de que en lo que eran buenos debían ser los mejores y en las áreas en que no lo eran debían ser buenos. Así avanzaron, así progresaron comercialmente y turísticamente.
Quizás este es el mejor ejemplo que debe tomar Uruguay para concretar definitivamente su comercio exterior, empezando a reconocer las equivocaciones del pasado y las actuales, para proyectarnos al futuro.
¿Cuándo en Uruguay los que se llaman expertos se han sentado y han analizado las equivocaciones y las tácticas de ventas virtuales, que crearon con tan poco conocimiento de las necesidades del mundo?
¿No será el momento de analizar, como lo hizo Nueva Zelanda, lo equivocado que estamos al pretender vender casi el 80% de nuestra producción a países fronterizos inestables, devaluados y degradados.
La experiencia de Nueva Zelanda no sólo marca la trascendencia lograda a través de una disciplina de años de trabajo en el comercio exterior, sino también el posicionamiento que le permite a un país superar el tiempo desperdiciado durante el cual monopolizaban sus exportaciones al Reino Unido.
El comercio exterior no es un negocio que sale de un día para el otro, es una disciplina comercial que exige mucha paciencia, perseverancia y constancia en el tiempo, a pesar de todos los cambios abruptos que sufre la economía de cada país o región del mundo, en particular.
Las perspectivas en materia de negocios son muy buenas, más allá de los problemas coyunturales que aporta internamente el país y de la imagen en el exterior.
El nuevo Uruguay exportador debe ser el fruto del esfuerzo, la cultura del trabajo y la permanente presencia de nuestro país en ferias, eventos, regiones y organismos internacionales aún sin conquistar y conocedor de quién vende nuestros productos y cómo los vende.
Debemos adoptar una política de comercio exterior vigorosa en la defensa de los intereses nacionales. Una participación más activa y positiva en todos los foros y negociaciones internacionales, así como una mayor convicción y firmeza en la defensa de los intereses nacionales, son fundamentales para renovar la imagen y presencia del país en el contexto internacional.
En este propósito es fundamental la conformación de cuadros profesionales permanentes con alto perfil negociador, con capacidad técnica y conocimiento de la realidad del país.
Debemos ser firmes en que, donde empezamos a tener una relación con mercados externos, ponemos un pie, luego ponemos el otro y seguimos andando, mucho más allá de las circunstancias.
La exportación para nosotros debe ser un fin en sí mismo, un objetivo a mediano y largo plazo.
Las operaciones que se logren llevar a buen puerto deben ser la consecuencia de una buena presentación institucional que sirva para iniciar una relación o consolidar muchas otras sobre las cuales se venía trabajando en estos años.
En estos casos, «el apretón de manos es clave» para que el cliente acostumbrado a comparar permanentemente las óptimas calidades de los mercados internacionales, elija con tranquilidad un producto uruguayo, producido en el Uruguay para el mundo.
No hay ningún otro secreto, tampoco aparece la palabra «suerte», ni la mano «divina» de alguna varita mágica, simplemente la mano del hombre perfeccionada hasta el cansancio de cada jornada, a fuerza de poner el hombro, de la capacitación permanente, de la búsqueda de la calidad, de fortalecer los recursos humanos, para llegar al mundo con el mejor producto y el mejor marketing: seriedad, responsabilidad, respaldo y confianza en las propias fuerzas para cumplir con lo prometido a cada cliente. Ni más, ni menos. *
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