Politiquería ante el desastre

Se sabe que en Enseñanza Primaria, Secundaria y UTU no existen ni los mínimos elementos para que las clases comiencen de manera normal y, lo que es peor conceptualmente, para que esos entes de la enseñanza cumplan con su cometido esencial, que es formar a los niños y a los jóvenes que son el futuro del país.

La desprolijidad de todo lo ocurrido es propia de alguna república bananera, donde un ministro de Economía para aplicar la receta contenida en el «manual» fondomonetarista, corta y recorta presupuestos, sin contemplaciones y sin importarle que esas acciones –que irónicamente llama ahorro– estén destruyendo instituciones esenciales para el funcionamiento de un país.

Hace pocas horas, una maestra, en un programa que se emite por TV LIBRE, decía que los niños de hoy, muchas veces famélicos, concurren fundamentalmente a la escuela para alimentarse en los comedores que todavía funcionan. Ya no tienen ganas de aprender matemáticas, de leer, de enterarse de lo que ocurrió y ocurre en el mundo, analizando el pasado y el devenir histórico.

Miles de niños sólo van a alimentarse a las escuelas, siendo muchas veces para ellos una carga las exigencias curriculares que apenas se pueden impartir en base a materiales perimidos, sin libros de estudios, sin tizas ni cuadernos. Se ponía como ejemplo que en un liceo el único planisferio existente, que es cuidado como un tesoro, muestra a Alemania dividida en dos…

Además, hay liceos a los que concurrirán miles de alumnos, que tienen un solo funcionario administrativo y ninguno de servicio, en una demostración más del palpable deterioro que ha ordenado el gobierno en una agresión brutal contra el futuro del país. Otro en que no se abre la biblioteca porque la misma no tiene ningún funcionario.

Cuando se trata de superar algunas carencias y de cambiar la brutal astringencia de recursos que está imponiendo el Ministerio de Economía, que ello se haga entre «correligionarios» de un mismo partido, es también grave. Y lo repetimos, porque se desconoce así el valor de las instituciones. A estos señores, representantes colorados en los entes de la enseñanza, les preguntamos: ¿recién se enteran de los recortes que realizó el Ministerio de Economía?

Este contubernio es la demostración de la más desembozada politiquería, la que muestra que en lugar de reclamarse soluciones por un despojo concretado contra la Enseñanza, se hacen acuerdos políticos, no para que se revea una actitud liquidacionista sino para lograr alguna partida extra que servirá sólo para tapar algunos agujeros y poder, así, comenzar el nuevo año lectivo.

Sin embargo, ¿cómo harán para arreglar bancos y pizarrones, techos que se caen, reponer vidrios que faltan, designar funcionarios en bibliotecas que no se abren, cuando el año lectivo comienza el lunes próximo?

En todo esto hay responsabilidades de mucha gente, de muchos jerarcas, que no son otra cosa que intermediarios entre el poder político y el desastre que provocan los recortes presupuestales con los que se busca el superávit primario. Verdaderos burócratas ineficientes.

Y finalmente nos preguntamos ante la comprobación del deterioro: ¿también el ministro de Economía hizo recortes en las partidas y contrapartidas con que se paga a los contratos de obra, expedidos todos ellos y amparados bajo distintas siglas, para trabajar por el mejoramiento de la enseñanza? *

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