Los dueños de TVEO
Parece mentira las cosas que veo. Más mentira parece, cuando esas cosas increíbles parecen ser la norma.
El canal oficial uruguayo, hoy TVEO, ayer Sodre, es una simple repartición del Ministerio de Educación y Cultura (MEC). Su atisbo de independencia está, exclusivamente, en que su autoridad máxima, el director de televisión nacional, ocupa un «cargo de particular confianza», según se establece en el artículo 128 de la Ley 17.556 (de rendición de cuentas), que en 2002 separó del Sodre al canal oficial.
Particular confianza del ministro de Educación y Cultura, indudablemente. Con lo que, en los hechos, tiene más nombre pero menos independencia, en el entendido de que su sustitución será mucho más fácil para el ministro, su jefe.
Resumiendo: el Canal 5, la empresa de televisión de los uruguayos, es una dependencia del MEC, a cargo de un director, y bajo absoluto control del ministro de Educación y Cultura.
En los últimos días (semanas, ya) la señal de TVEO, nuestro canal de televisión, ha mostrado una bochornosa imagen fija a cargo de la asociación de empleados del canal (en conficto), con el logo de TVEO de fondo. La imagen reza: «Asociación de trabajadores de Televisión Nacional EN CONFLICTO».
El audio explica que, al no haberse contemplado la totalidad de las exigencias del sindicato, éste ha resuelto paros parciales, que no se transforman en un paro total porque algunas de sus exigencias sí han sido contempladas por el MEC. Quince minutos cada hora, los dueños del canal debemos soportar un anuncio de los empleados del canal. Por el que, entiendo, no pagaron. Es sabido que el minuto de televisión es caro.
En algún artículo de prensa al respecto nos enteramos de que los 200 empleados NO han tomado el canal. Simplemente, declaran, paran las actividades, parcialmente. Esto hace pensar que alguien, en representación de las autoridades del canal (y, en última instancia, de nosotros, los pobres uruguayos contribuyentes) mantiene el control de nuestra empresa. Si el canal no está en manos de los empleados, entonces el canal está en manos de sus autoridades que, en teoría, nos representan.
Si los empleados no hubieran tomado el canal, y simplemente dejaran de trabajar durante 15 minutos cada hora, podrían pasar dos cosas: o TVEO emite una señal fija de TVEO, o se contrata a otros trabajadores que hagan posible seguir con la transmisión. Si las autoridades de TVEO siguen siendo tales, la única forma en que el aviso del sindicato pudiera salir al aire es la inadmisible situación de que lo hubieran aceptado.
Que la señal emitida sea del sindicato y no del canal puede parecer un tema menor. Sin embargo, es una demostración de fuerza de los empleados, que nos muestran (a los contribuyentes) que son ellos quienes mandan en el canal. Un caso más de la negligencia, del descarado abandono con que los gobernantes tratan a los enormes dineros que los uruguayos cedemos, con dolor, al Estado uruguayo.
¿Pasaría esto si TVEO fuera privado? Decididamente no. En la rarísima eventualidad de que pasara, el director perdería su trabajo, se designaría a otro con las cualidades necesarias, y el problema se resolvería.
Si algo así se diera en Ancap, estaríamos viendo cómo los empleados derraman en el suelo el combustible. Si fuera en Antel, serían minutos de teléfono regalados. Simples ejemplos para mostrar lo inadmisible de la situación.
Nadie puede sostener que hacer televisión es un cometido esencial del Estado. Los pobres contribuyentes uruguayos mantenemos un canal de televisión que no necesitamos ni pedimos. Si el canal fuera autosuficiente, poco habría para decir. Pero sucede que no lo es. El canal funciona porque los uruguayos ponemos la plata para pagar sus gastos.
Además de ese castigo, tenemos que ver que el canal está en manos de sus empleados, que usan la señal a su antojo.
Nuestra protesta no es contra el sindicato.
El sindicato persigue sus intereses. Con errores, con desbordes, gravemente confundido, está jugando su partido. Nuestra protesta es contra las autoridades de TVEO, cuya existencia sólo está justificada en la defensa de los intereses de los ciudadanos uruguayos que financian el canal oficial. En el partido entre los funcionarios y los contribuyentes, el cuadro de los contribuyentes no tiene defensa, y se come gol tras gol. En la pelea entre los que cobran sin derecho, y los que pagan, el boxeador de los contribuyentes tiene los brazos bajos, y nos están inflando la cara.
Muchos medios de prensa han hablado del tema. Sin embargo, no se ha ganado un lugar en la escueta agenda política de nuestro querido Uruguay. Ramiro Rodríguez Villamil, el director de televisión nacional, es el primer responsable. Leonardo Guzmán, el ministro de Educación y Cultura, sigue en la línea.
Hay 130 legisladores, ninguno de los cuales parece haber notado que TVEO es tierra de nadie, que la plata de los uruguayos se tira, que las autoridades de TVEO no son, de hecho, tales.
TVEO no es de los uruguayos, sino de los empleados. Y nadie del gobierno (oficialismo u oposición) muestra el menor interés. Esto no es estado de derecho, sino imperio de la patota. Es la dictadura del funcionariado. Y la culpa es nuestra.
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