El deterioro continuo
En lo que va del año, pese a los tambores de alegría que hace resonar el gobierno afirmando que se revirtió la situación y ahora el país crece, el deterioro del salario se mantiene.
La verdad es que la apropiación que se realiza del ingreso sigue siendo la constante en este país. El camino que se sigue recorriendo es brutalmente regresivo y, lamentablemente, parecería que para el ministro de Economía y sus «socios» en el equipo económico todo va bien, aunque estén jugando con la vida de las personas.
La carga impositiva es brutal. A los impuestos directos se suman los que cobran en sus tarifas las empresas públicas, que luego los transfieren al Tesoro, como contribución de ganancias. No han advertido que el proceso que vive el país no resiste más, que no es posible que los uruguayos paguemos por una llamada telefónica cifras que, comparadas con las que se cobran en el resto del continente, son exorbitantes. Política que está determinando, además, un atraso tecnológico ostensible en un país que hace unos pocos años podía vanagloriarse de estar en la punta de los avances en las comunicaciones.
¿Qué es lo que ocurre para tanto desatino? Si comparamos las tarifas telefónicas urbanas, advertimos que en la Argentina un pulso se cobra en dólares 0,0162, en Brasil llega (también en dólares) a 0,0154, mientras que en nuestro país el pulso promedio es U$S 0,0285. Prácticamente el doble que en los países vecinos. ¿Cuáles son los parámetros que utiliza Antel para llegar al precio del cómputo?
Por supuesto que esta política se extiende a toda la gama de productos que vende la empresa pública. Una llamada de celular a celular dentro de nuestro país tiene un valor, quizás el mayor del mundo, promedialmente de 10 pesos. Esa cifra es de tal magnitud que achica la cantidad de usuarios en una ecuación negativa para la propia empresa pública que no sabe cómo retendrá a quienes dejan de hablar por la telefonía celular.
Por supuesto que el tema se agrava cuando se abre a la competencia, como ha ocurrido con las llamadas al exterior. Los usuarios prefieren hablar de cualquier locutorio instalado por las empresas que compiten con Antel, en lugar de utilizar las líneas del ente de las comunicaciones. Y es lógico, pues los precios son muy distintos. Algunas empresas están cobrando hasta el 75% menos de lo que son las tarifas internacionales del ente público.
Es evidente que las modalidades tarifarias llevadas adelante por el Ministerio de Economía y la Oficina de Planeamiento y Presupuesto, de los cuales las empresas públicas no son otra cosa que tomadoras de políticas, objetivamente han ido deteriorando a las empresas públicas, succionando la riqueza que ellas producen, en aras de lograr un superávit que está destinado a convertirse en una especie de «colchón» con el que se pretende que se paguen las obligaciones externas.
Sin embargo, desde el pique mismo todos podemos comprender que por ese camino seguirá avanzando la pobreza, sin que las empresas públicas puedan desarrollar sus potencialidades, cada vez más menguadas como producto de esa política tarifaria, de la consiguiente caída del número de usuarios y, por supuesto, de la recaudación.
Si los uruguayos somos más pobres, también lo serán las empresas y la recaudación seguirá cayendo. Para seguir con el superávit, deberá recurrir a juegos contables como el último aplicado, de reducir la base monetaria, variable sobre la que se calculan, también, los déficit y los superávit. *
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