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A los integrantes del XVI Encuentro de las diócesis de frontera. Los obispos de Uruguay, Argentina y Brasil que, reunidos en la ciudad de Salto, denunciaron –una vez más– las graves consecuencias de la deuda externa en la región.

Ya no son voces predicando en el desierto. Hay una postura oficial de la Iglesia Católica universal al respecto, y el mismo Papa ha denunciado su injusticia y el grado de incidencia que tiene sobre las economías sumergidas. Estas voces se elevan cada vez más, comenzando a ganar primacía sobre los intereses de especulación y poder, y es bueno y efectivo que haya voces que asuman la representación de regiones o países afectados.

Los obispos conocen ese fenómeno que se da con particularidades en las fronteras, donde la marginalidad toma formas especiales de convivencia social y de comercialización en un estilo de precariato debido a las oscilaciones de las economías nacionales diversas. En las ciudades y lugares de frontera se ve más claro el fenómeno del subdesarrollo que en las grandes urbes, donde la agitación de la vida engaña.

La denuncia de los obispos es una más; pero muy significativa y de gran representatividad. Los enunciados claros y fuertes, reiterados, siempre crean conciencias efectivas.

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