El deporte, un eterno postergado

Históricamente el deporte, no obstante los lauros obtenidos, ha sido la cenicienta de todos los gobiernos. Ninguno se tendió a fondo para solucionar sus problemas estructurales, económicos y técnicos con mayor calor.

El gobierno de Lacalle, justo es consignar, fue tal vez de los que más se ocupó del tema. Construyó, convenios mediante, piscinas y gimnasios. Tanto en Montevideo como en el Interior.

Y estuvo bien sin duda, pero con un error de enfoque que ha sido decisivo para llevar al fracaso todo el esfuerzo. No se percataron de que primero había que preparar, fomentar y desarrollar una política deportiva con respaldo económico que habilitase a las instituciones poder mantener y poblar con eficiencia de gente apta esas estructuras que al poco tiempo quedarían vacías. Y no por falta de muchachada, sino de medios y recursos materiales y económicos para su mantenimiento.

Una piscina, a título de ejemplo, sólo de agua, filtros, cloro, etc., requiere de medios y costos que modestísimas entidades por meritorias que fuesen, si no se les facilitan los recursos y apoyaturas, se las condena al fracaso incluyendo el deterioro de la infraestructura construida. La carreta no puede ir delante de los bueyes. Se desarrolla antes con gente preparada e idónea y no con políticos improvisados en la materia que jamás integraron una federación o asociación, ni conocen nada de las necesidades, técnicas o planes deportivos.

Sin perjuicio de fomentar desde las escuelas en los primeros años, la vocación deportiva por determinadas disciplinas con la aptitud física correspondiente y estudios adecuados técnicos que hagan un seguimiento desde la niñez.

No es ocurrencia mía. Es el desarrollo que en todo país medianamente organizado se hace y quienes hemos transitado e integrado esa familia deportiva, lo sabemos. En el nuestro, y fue otro error mayúsculo, se quiso «talentear» con la creación de un Ministerio de Deporte. Un elefante desproporcionado por su costo e infraestructura administrativa para nuestras necesidades.

Es una observación realista; en el Uruguay existen no más de cinco disciplinas con cierto desarrollo e importancia de interés público.

Fútbol, basquetbol, ciclismo, natación y tal vez atletismo. No más. Los otros deportes, con toda la importancia que se les quiera dar, son menores y en algún caso «elitistas» en determinadas zonas privilegiadas del medio socioeconómico que no les interesan mayormente su «popularización». Existió y funcionó muchos años bastante bien dentro de la paupérrima pobreza con que siempre se la tuvo, la Comisión Nacional de Educación Física. Desde allí, se obtuvieron con el ingenio, dedicación y sacrificio de grandes dirigentes y no menos enormes deportistas vocacionales, los grandes lauros, incluidos los campeonatos mundiales de fútbol que nos llenan de orgullo patrio y amor por la «celeste».

Claro, desde los gobiernos se les saludaba y gratificaba con alguna jubilación miserable por las glorias obtenidas. Sin perjuicio de las fotos respectivas de los políticos felicitando al laureado. Tampoco es ocioso repetir un viejo concepto. Que la educación física es vital para el desarrollo no sólo de la salud propiamente dicha, sino de la cultura mental y psíquica de la juventud. Es un rubro sobre el cual no se puede «guitarrear». Por ende, tampoco se puede politizar ni permitir su comercialización en manos mafiosas. Hoy día, todo es un caos. No se le gana a nadie. Y si alguna excepción como la hay en el ciclismo por ejemplo, es por mérito y sacrificio exclusivo de un profesional ejemplar como lo es Wynants, que logró el galardón por su sola cuenta y riesgo.

Por supuesto don Jorge y demás autoridades nacionales que ni lo conocían ni lo vieron nunca, obtuvieron espléndidas tomas televisivas proselitistas con él. Otro ejemplo pintorescamente horroroso se da en el ajedrez.

Por primera vez en la historia uruguaya en el deporte de los trebejos, tenemos un Gran Maestro Internacional integrando el ranking mundial y tres maestros internacionales. Cuatro por falta de uno.

Todo un privilegio en una disciplina deportiva intelectual que prestigia a nivel mundial. No sólo en lo deportivo sino en lo cultural e intelectual por incentivar el razonamiento y el cálculo entre otras virtudes.

Andrés Rodríguez (gran maestro) se fue a jugar a Buenos Aires; Daniel Rivera es instructor en España donde promueve importantes juveniles; Martín Crosa si bien vive en el Uruguay juega habitualmente en Brasil y sólo nos queda Bernardo Roselli que aún estoicamente se queda como maestro internacional. El Ministerio de Deporte en su momento y demás autoridades «pesadas» nacionales ni se enteraron de sus existencias. Brutal. En cualquier otro país, con apoyaturas estatales estarían ganando decorosamente lo que legítimamente obtuvieron. En cambio acá, se tiene que ir por incompetencia e indiferencia del gobierno. Estamos en año electoral. Buena cosa sería conocer los «planes» que en materia deportiva las distintas colectividades políticas piensan aplicar si ganan.

En torno al deporte viven o vegetan más de 100.000 personas con sus familias.

¡Son muchos votos! ¡Guambia, muchachos! ¡Que se necesitan pa’ no quedarse fuera! *

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