Pobre Haití
El proceso que vive Haití es realmente dramático y parece que los sufrimientos de ese pueblo, que vive mayoritariamente en una pobreza absoluta, no tienen fin. Las elites que han gobernado ese país caribeño han tenido como característica la expoliación a mansalva de la riqueza, con el fin de erigirse en una secta de poder, medieval, que siempre utilizó el asesinato y la tortura para acallar la protesta de la gente.
Recordemos lo que fue Henri Duvalier, «papá Doc», creador de la banda policial asesina denominada «Tontons Macoutes», grupo siniestro que pasó a la historia por sus sangrientos actos contra la vida humana. Un personaje siniestro, un asesino confeso, que gobernó construyendo una dictadura feroz hasta su muerte. Fue sucedido por su hijo, continuador de la misma política, fatuo y despreciable, que nunca supo encaminar alguna acción tendiente a combatir el hambre que es una de las características más angustiantes de esos gobiernos dictatoriales.
La llegada al poder de Jean Bertrand Aristide, un pastor protestante, abrió esperanzas de que los haitianos comenzaran a recorrer un camino hacia la democracia. Sin embargo, las «dulzuras del poder» sectario, de un grupúsculo de irresponsables, determinó que las esperanzas se convirtieran primero en desazón y luego, ante la total incapacidad de Aristide para establecer caminos mínimamente apropiados, en un estallido popular que finalizó con el exilio del mediocre mandamás en EEUU.
Sin embargo, como ocurre siempre en estos desencuentros en los países del continente, hay mucho para sospechar. Ya se había adelantado que el conflicto terminaría en la ocupación de Haití por fuerzas extranjeras, y con el alejamiento de Aristide del poder, el círculo cierra perfectamente. Sustituyó al mandatario el presidente de la Corte de Casación, Boniface Alexandre, quien pidió a la ONU que envíe una fuerza de paz, extremo que fue resuelto el sábado por el organismo internacional, anunciándose que es inminente que un contingente integrado principalmente por «marines» de EEUU, comience a desembarcar en Puerto Príncipe con el fin de «imponer la paz».
No dudamos de las buenas intenciones de Koffi Annan y de la necesidad de que los haitianos logren el basamento esencial para poder reorganizar un país absolutamente destruido por sucesivas políticas que tuvieron siempre como objetivo favorecer a una elite de corruptos. Aristide tuvo, como todos sabemos, siempre el apoyo del Departamento de Estado, y su «gesta» para ocupar el sillón presidencial comenzó en Washington que ahora, en la debacle, pretende colocar a sus «marines» para garantizar una paz quebrada por la violencia con que la elite defendió sus privilegios. Elite asesina que tuvo una característica: el apoyo permanente de los gobiernos norteamericanos. *
Compartí tu opinión con toda la comunidad