La Paloma: se equivoca el MTOP

Decíamos en una nota editorial el pasado jueves 26 que la concesión para la explotación de un puerto maderero en La Paloma ha suscitado una ruidosa polémica. La oposición a la iniciativa del MTOP –tanto a nivel nacional como departamental– ha venido cobrando vigor y concita una casi unanimidad. En este caso, más allá del impacto ambiental (que conspira directamente contra la industria turística en una región particularmente apta para el turismo y de larga trayectoria en la materia), la obra proyectada merece serios reparos en cuanto al plazo de la concesión y a otros aspectos –ajenos a la contaminación– que el gobierno debe evaluar con responsabilidad.

Teniendo en cuenta todas estas consideraciones, el titular del MTOP fue llamado a Sala para que explicara las condiciones y algunos asuntos poco claros de la concesión. Luego de oírlo, los legisladores pidieron al ministro que el llamado se aplazara por treinta días. Entretanto, se fue incrementando notoriamente la movilización de autoridades municipales y vecinos contra el proyecto, o contra algunos aspectos del mismo. Sin embargo, el Ministerio de Transporte y Obras Públicas se muestra reacio a atender razones en una actitud casi soberbia que lo hace impulsar el trámite de concesión contra viento y marea, con un empecinamiento digno de mejor causa. Lucio Cáceres entendió conveniente reducir el plazo de treinta días solicitado por la Comisión Permanente a la mitad (quince días), y es así que hoy está prevista la apertura de la licitación.

En virtud de esa tesitura de sordera, trascendió el viernes que la bancada del EP-FA resolvió interpelar al ministro Lucio Cáceres por la controvertida e inminente concesión en el puerto de La Paloma. El impulsor de la interpelación, el diputado vertientista Martín Ponce de León, hace cuestión de que el polémico ministro no haya accedido a la suspensión del trámite por el plazo de treinta días, y plantea la sospecha de que el procedimiento de licitación oculta en realidad una concesión con nombre y apellido. Por fin, también está en juego el impacto ambiental, es decir la incidencia que tendrá el proyectado puerto maderero y granelero en el ecosistema de La Paloma, así como la posibilidad cierta de que el mismo afecte de forma irremediable toda la actividad turística con la consiguiente pérdida de fuentes laborales.

Desde el siglo XIX, en aras del crecimiento, del desarrollo económico, de la prosperidad, con el estímulo de las doctrinas positivistas, se había minimizado o sencillamente despreciado la ruptura del equilibrio ecológico, el agotamiento de los recursos no renovables, la contaminación y la agresión al medio ambiente.

El movimiento ecologista y la militancia ambientalista tuvieron la gran virtud de lograr una toma de conciencia del problema y de detener en parte la degradación. Hoy en día, mal que les pese, ni los gobiernos ni los empresarios tienen vía libre para continuar depredando el aire, las aguas, la corteza y las entrañas de la Tierra, merced a la actitud de vigilancia militante y de denuncia permanente de los movimientos ambientalistas, que lograron sensibilizar a la clase política. Uruguay no fue ajeno al fenómeno y desde hace unos años los asuntos medioambientales tienen rango ministerial.

No obstante, parecería que entre los gobernantes uruguayos la mentalidad «preecológica» (por llamar de alguna manera a esa postura que prioriza el desarrollo a secas –no el desarrollo sustentable– sin importar los efectos sobre el planeta) sigue gozando de buena salud; y la batalla entre desarrollo económico y cuidado del ambiente parece definirse a favor del primero. Persiguiendo la meta de atraer inversiones, las autoridades no reparan en medios y desoyen a conciencia la opinión de los vecinos.

Entendemos que las inversiones deben ser bienvenidas. Pero no debemos, en aras de una reactivación que todos anhelamos, pagar costos demasiado altos que signifiquen hipotecar el futuro del país y de su gente. *

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