La segunda muerte de Simón Bolívar

Representación de los Trabajadores en el BPS.

Si Simón Bolívar resucitara, seguramente se suicidaría, al comprobar en qué ha quedado su discurso de 185 años atrás cuando afirmó que el sistema de gobierno más perfecto es el que supone el mayor bienestar y mayor seguridad social. No es para menos. La última perla: la posible aplicación del IVA a las jubilaciones del sistema AFAP, es realmente impresentable.

No es sorpresa. Cuando la humanidad creía definitivamente aceptada la naturaleza de Derecho Humano fundamental de la seguridad social, los pueblos del mundo así lo habían proclamado en la ONU en 1948 y 1966, surgieron en los últimos veinte años del siglo pasado concepciones que pretenden transformarla en herramienta financiera. El ahorro individual y los seguros mercantiles que recaudan una prima, pagan una renta y el resto se lo embolsan, porque su esencia es el lucro, que aparentemente habían quedado atrás, irrumpieron nuevamente en escena, queriendo destruir la herramienta de los seguros sociales obligatorios, de financiación tripartita y con ausencia de lucro, uno de los mayores adelantos en el desarrollo de la seguridad social. Nuestra propia Constitución estableció la concepción de seguros sociales.

Luego del recorte de la dictadura, Acto 9 mediante, los muchachos que nos dejaron de recambio, los «Chicago boys» patrocinados por el Banco Mundial, aplicaron la privatización a rajatabla y un no grandote a los fondos solidarios. Nos impusieron las AFAP, con el visto bueno del gobierno de Sanguinetti y los votos de sus socios de la coalición, sin excepción. El Banco Central, órgano típicamente financiero pasó a ser el controlador del sistema.

¿Cómo sorprendernos de que las AFAP pretendan invertir en el exterior, con lo cual deberán competir en el pozo inmundo del casino global, donde actúan personajes que dirigen Enron, Halliburton, Parmalat, etc? ¡Qué nenes!

De igual forma no es sorpresa que se pretenda imponer el IVA a las jubilaciones. Es la continuación de la aplicación de comisiones y primas que hoy se aplican, porque insisto: el lucro es su esencia.

Es la lógica del sistema que nuestros economistas de manual aplican sin el más mínimo sentido de crítica, cumpliendo órdenes del Banco Mundial: la seguridad social como seguro mercantil y herramienta financiera.

¿Acaso se conocen instrumentos más representativos de este despiadado capitalismo, que las sociedades anónimas, las AFAP lo son, y el IVA al consumo, que perjudica a quienes menos tienen?

La necesidad de un gran debate democrático sobre mitos, falacias e intangibilidad del sistema financiero, para proceder al rescate de la política respecto de la economía, y a ésta del fundamentalismo del mercado, incluidas las AFAP, es cada vez más urgente, antes de que Bolívar agarre y se muera otra vez, como diría el inolvidable Juceca si viviera. *

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