Encuestas: la tendencia irreversible

Una vez más, reiterando –y profundizando– lo que aparece como una tendencia irreversible, la última encuesta de la empresa Doxa Opinión Pública otorga a la Nueva Mayoría (Encuentro Progresista-Frente Amplio-Nuevo Espacio) un porcentaje de intención de voto que supera la mitad del electorado: 51,2 por ciento. En segundo lugar se ubica el Partido Nacional con el 18,5, y el Partido Colorado se ve relegado a un lejano tercer puesto con apenas el 11,4 por ciento del total de electores.

De mantenerse la tendencia –y salvo que se produjera un milagro económico o que las fuerzas progresistas cometieran una torpeza mayúscula–, el EP-FA obtendría la mayoría en las Cámaras y el doctor Tabaré Vázquez sería ungido presidente en la primera vuelta, sin necesidad de recurrir al balotaje.

Parece obvio señalar que, más allá del carisma del candidato de la izquierda, de su poder de convicción y de seducción, y de los méritos de los dirigentes progresistas, la tendencia del cuerpo electoral responde al cúmulo de desaciertos de la actual administración de gobierno y al desgaste de las viejas colectividades tradicionales, identificadas como responsables de la crisis y de la pérdida de calidad de vida de los uruguayos. Paralelamente con el descrédito de blancos y colorados al frente del gobierno central, la gestión de Arana y su equipo al frente de la Intendencia de Municipal de Montevideo ha revelado a los ojos de la ciudadanía la capacidad de los hombres de la izquierda para ejercer funciones de gobierno, además de la cristalinidad y la honradez en el manejo de la cosa pública. No en vano la adhesión de los montevideanos a la propuesta progresista ha venido en franco aumento desde 1989 hasta hoy.

Pero quizá lo más sorprendente de lo que muestran las encuestas es la estrepitosa caída del Coloradismo en las preferencias del electorado. Un partido que se identificó casi desde sus comienzos con el Estado y que se mantuvo en el poder (contando los periodos de gobiernos de facto) durante más de cien años (con la excepción de tres administraciones nacionalistas en el siglo pasado), se muestra incapaz de asimilar esta realidad de hoy. Y ello explica las dificultades que enfrentan los sectores mayoritarios del viejo partido de Rivera a la hora de elegir candidatos, pues la perspectiva de postularse a la presidencia con la casi certeza de una derrota, desestimula seriamente a cualquier dirigente.

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