Un distinguido intelectual compatriota se alarma, desde su columna semanal que publica un matutino, del comentario del doctor Tabaré Vázquez en referencia a las ya conocidas declaraciones del general Seregni. El actual lÃder de la izquierda, preguntado sobre lo expresado por el ex lÃder, reflexionó sobre la necesidad de mantener y privilegiar los sueños por encima de los recuerdos.
Lo dicho por Vázquez ha servido como punto de partida para que el ilustre pensador nos haga llegar ciertas reflexiones filosófico-polÃticas que vale la pena comentar.
Sostiene este señor Âde fina pluma y lúcida ironÃa que los sueños son consustanciales al ser izquierdista que “percibe en la realidad un gran desorden y, en su imaginación, entrevé una ordenación distinta de las personas y las cosas”; persigue un orden diferente de toda la estructura social bajo el cual la injusticia, la pobreza y la opresión se desvanecerán, según el columnista, para quien “los sueños, sueños son, y la realidad no es como arcilla en el torno de alfarero”.
Aquà parece hallarse la madre del borrego: el realismo, el pragmatismo, lo posible, como escudo contra la utopÃa perniciosa. La comprobación empÃrica del fracaso de la aplicación práctica del marxismo es razón suficiente Âsiempre de acuerdo con el razonamiento de este analista para enterrar definitivamente a la doctrina junto con los sueños de justicia social y de dignificación del ser humano. Nada de andar imaginando mundos mejores puesto que el mejor de los mundos posibles es el que hoy nos ofrece (habrÃa que decir nos impone) la ideologÃa neoliberal.
Se burla el pensador de los famosos grafitos de mayo del 68 en la Sorbona que proclamaban la imaginación al poder o seamos realistas: pidamos lo imposible. Obviamente, para un filósofo que Âcomo es el caso del columnista en cuestión es antes que nada un fervoroso admirador de la economÃa de mercado y de la prolijidad de los números, todo aquello que estimule la imaginación debe ser inmediatamente proscripto por ser perjudicial para el sistema.
Esa glorificación del realismo y del pragmatismo Âque conduce a generar el sentimiento de resignación por la impotencia ante una realidad que no se puede cambiar nos muestra a un ferviente partidario del sentido común. Es sin duda el sentido común el que debe guiarnos por el camino correcto y hacernos ver lo vano que resulta pretender un orden social (y mundial) más justo.
Al hablar de sentido común, parece inevitable traer a colación lo que Ernesto Sábato opina al respecto. Vale la pena releer algunos párrafos del artÃculo Sentido Común de su libro Uno y el Universo. Dice Sábato:
“El sentido común ha sido el gran enemigo de la ciencia y de la filosofÃa, y lo es constantemente. Creo que un tribunal que actuase en nombre del Sentido Común, condenarÃa al manicomio a Zenón, Parménides, Berkeley, Hume, Einstein. Es digno de admiración sin embargo que el sentido común siga teniendo tanto prestigio didáctico y civil a pesar de todas las calamidades que ha recomendado: la planitud de la Tierra, el geocentrismo, el realismo ingenuo, la locura de Pasteur. Si el sentido común hubiese prevalecido, no tendrÃamos radiotelefonÃa, ni sueros, ni espacio-tiempo, ni Dostoievski. Tampoco se habrÃa descubierto América”.
Creemos que mucho peor aún, es apelar al sentido común para justificar las injusticias, para entronizar un modelo inmoral y para disuadir a la gente de todo intento de modificar el orden establecido.
OTRAS NOTICIAS EN LARED21