A La Paloma le quedan 744 horas

Todos hablan «del puerto granelero» en lugar de hablar de un puerto maderero, que de eso se trata. ¿Por qué el lapsus?

Porque este proyectado puerto maderero tiene una licitación hecha a la medida de una empresa extranjera «Puerto Graneles SA» y que yo sepa, el hacer esa licitación a medida de una empresa extranjera, regalándole por cincuenta años (medio siglo) –o si fueran menos, qué más da– una parte estratégica de 27 hectáreas del lugar turístico con mayor futuro del Uruguay, es sin duda aún peor que vender: es regalar la patria, como lo hubiera sido con Ancap.

En primer lugar digamos que este nuevo y audaz intento del gobierno de coalición no tiene diferencias con el intento de regalar Ancap.

Entonces la respuesta está siendo la misma: salir a la calle, recoger firmas, manifestar en las rutas que quieran ser entregadas a la destrucción usando doscientos camiones con acoplado con peso de 30.000 kg. de madera cada uno por día.

No hay que entrar, como han entrado algunos actores políticos –incluso progresitas– a discutir el articulado del mamotreto o la candidez política de «mejorarlo». En suma hay que responder con una lucha tan dura y continuada como sea el intento de imponerlo con algún maquillaje.

Pretender «mejorar» esto es ignorar el destino esencialmente turístico de la costa oceánica, en la cual sólo cabe agregar un Puerto de Aguas Profundas, que hoy en virtud de la ubicación estratégica de la costa uruguaya como la puerta natural del Mercosur, integrando un corredor bioceánico con nacimiento en la costa chilena, Puerto del Mercosur hoy más viable que nunca por el prometido reconocimiento de las asimetrías manifestado por sus socios mayores económicamente.

Por ello la movilización es desde Rocha y en todo el país.

Y esa movilización tiene un objetivo central y contundente: Archivar para siempre este proyecto y declarar que no se usará ningún lugar de la costa rochense para transportar, ni embarcar maderas porque contradicen los objetivos nacionales y el destino de la misma como lugar turístico y asiento del Puerto de Aguas Profundas del Mercosur. Entendiendo también que el acceso de mercaderías al mismo debe ser por vías férreas exclusivamente, reactivando de paso los ferrocarriles nacionales que sólo una decisión antinacional y antibatllista hizo morir.

Porque tal como lo dice el Frente Amplio por unanimidad el 2 de febrero este proyecto implica, en síntesis:

1) El regalo a unos extranjeros de 27 hectáreas terrestres y 78 marítimas que están en el corazón de La Paloma. Lo que acabaría con ella.

Agrego: todo por U$S 25.000.000. Un poquitito más de una milésima, digo bien, milésima parte de lo que este mismo gobierno le facilitó a los banqueros ladrones, entre ellos los Rhöm y los Peirano.

Y segundo argumento no menos ridículo, la creación de cincuenta, sí dije cincuenta puestos de trabajo directos y unos doscientos a los camioneros, encargados a su pesar de destruir las rutas y el turismo de todo el departamento, no sólo de La Paloma.

Basándose en la desesperación generada por la desocupación, creada por tres décadas y media de gobiernos blanquicolorados, incluida la dictadura, creen que la gente se puede enceguecer y entregar un departamento, depositario del 80% de la costa oceánica del país, por la ilusión de cincuenta trabajos nuevos; pero en verdad destruyendo miles de ellos e inversiones ya hechas por uruguayos y extranjeros en la costa rochense.

Sí señores, hay desesperación en mucha gente humilde y con ella están medrando dos veces los políticos tradicionales de Rocha y el Uruguay: una vez, al crearla destruyendo la industria y comercio nacional en los altares de la banca sin patria, y ahora aprovechándose de ella para destruir la única que queda en pie: el turismo

2) Liquidación de playas y parques, instalaciones de la Armada Nacional (todo incluido en las 27 hectáreas que se regalan); más el impacto ambiental, visual sonoro, de un departamento transformado en caminódromo, y un puerto para que los barones de la forestación, entre los cuales «Puerto Graneles» cuenta con 16.000 hectáreas forestadas –todas ellas exentas de impuestos– por Lacalle de Herrera y constituidas en general en sociedades anónimas, de difícil percepción de impuestos y produciendo ganancias que seguramente no quedarán aquí.

3) Se autoriza el rellenado de la bahía de la Paloma; de 30.000 m

4) Implica el ingreso por día a Rocha, por la Ruta 15 o por la 10 –es el mismo desastre– de 200 camiones con acoplados, de 30.000 kilos de peso cada uno, aproximadamente uno cada cinco minutos; sí: uno cada cinco minutos; que destruirían sin remedio la Ruta 15 primero, luego (teniendo la manija) seguirán con la 10 o la propia 9; hasta acabar con todas ellas o exigir enormes costos de mantenimiento al Estado o sea a todos los uruguayos.

Deberán encabezar esta lucha todos los actores vinculados al turismo, la construcción, la hotelería, tanto empresarios como trabajadores que por miles perderán sus puestos de trabajo si, como le ocurriera al perro del hortelano, perdieran el hueso que tienen en la boca, por el que les muestran en el agua los personeros de este gobierno entreguista.

Se puede vencer a los entreguistas, anular, archivar para siempre este mamotreto –silenciosamente elaborado y que se intentó pasar de contrabando– para suplir la derrota que les infligimos preservando nuestra Ancap.

Pero para impedir esta barbaridad, que sólo beneficia a intereses inconfesables conocidos por todos, y entierra la soberanía nacional y un auténtico proyecto de desrrollo rochense, nos quedan tan solo 724 horas –setecientas veinticuatro horas y no días como tuvimos para Ancap– 724 horas otorgadas por un poco de vergüenza que les queda a algunos miembros de la coalición, o por miedo electoral o ambas cosas, más el que dan por hecho que con algunas postergaciones –tal vez exista otra– y algún retoque hecho por los llamados consensos políticos, logren sacarlo como lo hicieron con el Aeropuerto Nacional de Carrasco, cuya primera medida fue echar a 200 maleteros.

Hay que ponerse claramente en una vereda o en la otra.

De un lado están unidos los que «sí tienen programa», el programa del FMI y de la entrega nacional. Esa es la vereda del ministro Cáceres.

Del otro, los que no tenemos ese programa, sino el de la reconstrucción de un país fundido por aquellos, que aún en su final quieren llevarse con sus socios extranjeros todo lo que puedan antes de su final.

El 62% de los uruguayos el 7 de diciembre le dijimos Sí a la derogación de la Ley de Ancap.

Ahora hay un segundo tiempo. Debemos decir otra vez Sí a la patria, No a otra ley entreguista. *

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