La polémica sanitaria
Más allá de las ostensibles «ofensas» que pudieron marcar algunos directivos del sector frigorífico en respuesta a las normas sanitarias impuestas por México y Chile, muchos de los cuales se han rasgado las vestiduras por las objeciones al control sanitario de las carnes, es bueno que entre todos hagamos un acto de contrición. Pensemos en un pasado no tan lejano, cuando por decisión del gobierno –que aceptó sin discusiones conceptos ideológicos fuera de lugar y de tiempo– se comenzaron a desmantelar los servicios competentes del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca, originando una orfandad que provocó la inoportuna epidemia de aftosa cuyos coletazos todavía estamos viviendo.
Que todavía haya aprensión en el exterior por el sistema sanitario uruguayo y por los contralores privados que se realizan es, por lo menos, comprensible, porque el recuerdo de la aftosa todavía no quedó atrás, epidemia que, por otra parte, se produjo cuando el país comenzaba a vivir una de sus crisis históricas más profundas, contribuyendo la paralización de las exportaciones de carne en el ahondamiento de la misma.
Creer que en el país, con el actual esquema sanitario, todo está bien, es tener un concepto bastante fuera de época, especialmente cuando en el mundo se han comenzado a verificar nuevas y peligrosas epidemias, producto de mutaciones microbianas y virales, de las que nuestro Uruguay –un país de fronteras abiertas– no tiene por qué estar libre.
El camino no está en rasgarse las vestiduras, en clamar por la prensa ante las exigencias que imponen los posibles compradores del producto, sino demostrar primero a los propios uruguayos que aquí las cosas se están haciendo bien y que el camino emprendido –más allá de lo que piensen los «malintencionados»– es adecuado para garantizar que el producto que se comercializa, hoy primer rubro de exportación, llega al consumidor extranjero y, por qué no, al nacional, en las mejores condiciones posibles. A las exigencias mexicanas se suma un cuestionamiento chileno a los controles sanitarios que se realizan.
El ministro, que sin miramientos y alegando deficiencias sanitarias, mantuvo cerrada la importación del producto desde los países limítrofes, lo que hubiera permitido abaratar la carne en las carnicerías, ¿qué dice ahora?
¿Acaso creerá que mexicanos y chilenos manejan ese argumento con mala intención o, por el contrario, tratará de profundizar el análisis de las empresas que realizan el control, tratando de detectar las deficiencias que, al parecer, motivaron el cierre del mercado chileno?
La sanidad animal es una tarea permanente y con carácter estratégico, a la que el Estado nacional le debe destinar recursos suficientes para que no se desaten nuevas epidemias ni nuestro rodeo se infecte, como ha ocurrido en países del primer mundo, de males todavía desconocidos en el Uruguay, pero que desde el punto de vista económico serían de enorme significación.
Para emprender ese camino, el de la sensatez, es importante mostrar cómo se actúa, la manera en que nuestras plantas frigoríficas se previenen de situaciones inesperadas y, también, cómo se trabaja sobre el rodeo ganadero para preservarlo de todo tipo de contaminación. Por supuesto que para ello es necesario que los organismos adecuados de investigación, hoy maltrechos por los presupuestos inadecuados, encabecen la investigación para detectar los males antes que los perjuicios sean irreparables para el país. *
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