Oro por papel mojado

Escribe Daniel Pereyra Maneli *

adie sabe cómo ni por qué pero lo cierto es que al cumplirse los primeros cien días de un nuevo gobierno cada quien hace un balance de caja para saber –por simple curiosidad– cuántos choclos le tocan de este puchero flaco del que, según nuestro señor Presidente, nos servirán dos generosos platos bien calientes.

Después de confrontar los suspiros de nuestros bolsillos con las triquiñuelas de los tesoreros nos queda claro el acertijo, pues el destino inmediato de los uruguayos está integrado por una furiosa y creciente desocupación que, por fin, se atreven a registrar tímidamente algunos índices de consumo popular.

El aprieto es tan funesto y tantos los invitados que las estadísticas incluyen el nuevo rubro de los que «no buscan más trabajo», dolorosa confirmación del desaliento que va ganando rápidamente a los marginados del sistema que se fruncen de sólo pensar que faltan cinco inviernos para intentar cambiar frustraciones por esperanzas.

Pero nada conmueve a los gobernantes porque en la noche del jueves próximo pasado un vocero del Ministerio de Trabajo formuló unas declaraciones referentes al paro general nacional que, francamente con mucha benevolencia, pueden calificarse de patéticas.

Se sabe que el agro y la industria yacen en una agonía indigente pues el huracán liberal y globalizador les arrasó bienes y hogares al tiempo que enriquece a los especuladores financieros que cuentan entre rubros más jugosos el dinero negro proveniente de actividades ocultas.

Nada impide que los dueños de la situación corran presurosos a derrochar millones en el salvataje de instituciones fundidas por sus propios y prósperos ejecutivos, con la exclusiva finalidad de evitar que se tape esa cloaca denominada «plaza financiera».

Mientras tanto, transcurren años discutiendo si se recicla o se construye un nuevo Hospital de Clínicas y se inaugura tres veces –una vez fue con globos, eso es cierto– partes del entonces esqueleto del Hospital de Las Piedras y se repitan salas carentes de personal y ayunas de médicamentos.

Los pacientes más desposeídos y los desprendidos del sistema mutual por impotencia económica, abarrotan las múltiples emergencias procurando un diagnóstico de sus dolencias, para luego intentar conseguir una muestra médica para zafar del mal trance.

Y no se detiene allí la penuria pues los despreciados del régimen, habitantes de los tugurios urbanos y de los numerosísimos cinturones de miseria absoluta que los burócratas llaman «asentamientos colectivos marginales», deben telefonear a un hospital un determinado día y hora para informarse de la fecha en que pueden hacer largas filas de madrugada para que –recién– les entreguen números para una futura consulta un mes después.

De esta forma, a tientas y oscuras le cambian al pueblo oro por papel mojado y la mayoría al ver su baúl vacío, tendrá que ir por víveres, gimiendo en procesión para contemplarlos en una vitrina, al Museo de la Moneda o al templete del billete.

(*) Ex magistrado judicial

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje