Puntualizaciones sobre el tema militar

En verdad, no comparto la apreciación del señor ministro de Defensa Nacional de que exista sobre el Ejército un hostigamiento contumaz, que provenga de nuestro pueblo y de la gente, naturalmente.

Existen sí heridas que no hemos sido capaces de cicatrizar; no cumplió ese objetivo la Ley de Caducidad, contra la que yo voté junto a compañeros que me merecen el mayor respeto y con quienes discutimos la decisión. Cuánto me gustaría sentirme habilitado para mencionar a una mujer, que fue protagonista principal en nuestras filas, pero no me atrevo por respetar su privaciad.

Y ahí mismo, ya empezamos mal. La propaganda fue durísima y recorrió el país, diciendo «votan amarillo los blancos y colorados demócratas y votan verde los tupamaros –que por supuesto apenas salían–, y el Movimiento de Rocha. Campaña sucia y baja y, por sobre todo, cobarde. Porque sin ninguna duda, estaban mintiendo. ¿A qué efecto podían servir? Al reencuentro nacional, ¡claro que no¡ No se buscó el perdón sino la intimidación de los antes «corruptos». Recuerda algo de la campaña contra Wilson, claro, y si dice lo contrario, nadie se lo creería. Que se pueden haber cometido excesos, ¿de qué parte no? Señáleme una, para reprobar a todos. Puedo decir y testimoniar que Wilson con Por la Patria y Carlos Julio con su MNR fueron abanderados contra la dictadura. Fueron, y la palabra no me asusta, enemigos del golpe de Estado, con un pueblo sin banderías, pero no pasa por ahí el hostigamiento del que se sigue hablando.

¿Qué otra actitud digna podrían haber adoptado? Pero la sufrieron, uno en el largo exilio que después promovió esa caducidad que tantos blancos no entendimos, el otro, detenido, perseguido, con problemas para subsistir porque muchos no saben que con causal jubilatoria, no se acogió por solidaridad con su compañero lejos de los suyos.

El «bulto» y el «paquete» las pasaron duras. Es cierto que Carlos Julio no apoyó conversaciones del Parque Hotel y que Wilson con lógica, no creía que el plebiscito se pudiera ganar –¿recuerda, señor ministro, el recibimiento como temido delincuente, del puerto a su prisión?–. Los «corruptos» que más voltearon en el Parlamento, precisamente personajes de esa laya. Hubo infinidad de presos, destierros, crímenes, destituciones, tratamientos inhumanos.

Usted,. señor ministro, que estaba junto al doctor Batalla, conoce las que pasó Seregni, de quien también el blanco doctor Héctor Clavijo fue abogado, y que defendieron a Wilson los doctores R. Cababal, U. Tourné, don Martín Tormaria Cardozo. y pasamos a las elecciones con líderes proscriptos. Pero adónde llegaríamos enumerando barbaridades que se cometieron en el país; quién podía pensar que pasaríamos de aquello a la convivencia pacifica.

Todos, los que tenían la ineludible obligación de crear ese clima no lo hicieron; con grandeza, por qué no, con arrepentimiento que nunca puede ser motivo de vergüenza.

Cuando se realizó la primera interpelación al régimen, muchos políticos tenían miedo trayendo al general Medina a Sala por «lo que podría pasar». Nada: que el señor ministro tuviera que reconocer que en la caja había guardado las citaciones. Terminaron felicitando al senador Pereyra, pero todavía esa situación persiste. Que si vienen o no, que los ampara o no la caducidad. Parece que la gente se acostumbró a oír hablar de «desacato»; a nadie se le paran los pelos. O si se escarba acá o más allá y el jefe de las FFAA, doctor Batlle, se distancia de nuestros vecinos y hermanos,y nuestro país puede ser el único voto en contra del restablecimiento de las relaciones comerciales con Cuba .En el Parlamento me tocó trabajar en Comisión con militares, buscando solución para quienes dormían en la calle y existieron logros, participando legisladores de todos los partidos: Jorge Silveira Zavala, blanco; Irurtia y arquitecto Belvisi, colorados; Germán Araújo y Arana, del FA, complementada en Seguridad Social con el doctor Cassina (99) y el para mí inolvidable don Carlos Cigliutti. Y allí fue posible crear el clima más grato y animado en la situación más difícil. Nunca, por entonces, oí hablar de hostigamientos. ¿Por qué surgió, quiénes fallamos? Todos. Como si hubiéramos perdido la idiosincrasia uruguaya para convivir, quizás unos se llenaron de rebeldía, otros de soberbia, y nos sigue doliendo lo de Elena Quinteros, lo de los desaparecidos, cuyo Memorial fue afectado con piedras o balas, y parece que demoraremos en salir, porque no estuvimos a la altura de las cicunstancias.

A mí me echaron en el más insignificante de los excesos, por haber sido testigo de un crimen, que pudo haber matado a Carlos Julio Pereyra, Dardo Ortiz, Lacalle y Heber. El expediente habrá demorado dos o tres días en entrar al Palacio y ejecutarse la destitución, con la firma del doctor Aparicio Méndez, presidente. de turno, y el señor coronel Julio César Faraone por razones de interés público, lo que me asegura que no sabían un carajo de qué se trataba.

Pero firmaron, y los que me conocen saben que no tengo muchos motivos para ser «peligroso» precisamente.

Como podemos y tenemos que salir, poniendo todos lo necesario, sin tanto «tonar». Haciendo autocrítica, también el señor ministro, hay que preparar elecciones transparentes, que abran el camino a los cambios que no pueden esperar. Demasiado ha sufrido este pueblo; cuidado con seguir mojándole la oreja a la gente.

No confundir mansedumbre y espíritu pacífico, con debilidad, acaso. Nos podemos entender, sin abdicar de ideales, algo que no reclamamos ni ofrecemos. Siempre junto a los que más sufren y esperan. *

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