El pensamiento de Lacalle hace 32 años
En agosto del año 1972 se discutía en la Cámara de Diputados un proyecto de ley que si nos ponemos a rastrear en la historia, lleva hoy día la friolera de 142 años sin resolución.
Fue presentado por primera vez en el año 1862. Se trata de una ley que regule la compra de campos por parte de extranjeros, un tema no menor y que merecería una profunda investigación para saber cuántos millones de hectáreas fueron a parar a manos no nacionales y todavía en las fronteras y que, salvo honrosas excepciones, no siempre están a favor de intereses nacionales.
Es un problema sumamente crítico con el Brasil. La totalidad del límite que da al departamenteo de Rivera es «imaginario», donde no existen alambrados que separen o que señalen y lo que es peor, resulta imposible saber si el ganado es uruguayo o brasileño; esto también sucede con los trabajadores y hasta con la energía eléctrica. Todos los países vecinos tienen una «franja de frontera», en la cual está prohibida la venta a extranjeros; en la Argentina esa franja es de 100 kilómetros y en Brasil es de 150 kilómetros. Solamente acá en el Uruguay no existe ninguna ley que regule, reglamente o determine bajo qué condiciones un extrajero puede en los hechos ir comprando el país.
Sobre esto, en el año 1972 decía en la cámara el entonces diputado Lacalle: «Para poner fin a la especulación e indirectamente al problema político, en lugar de prohibir la compra de tierras, hay que prohibirles vender, al propietario extranjero se le deberían poner determinadas limitaciones que no le impidieran entrar al país con su capital, pero sí que le impidieran escaparse en los lapsos de seis, dieciocho o 24 meses con ganancias de hasta el 200%». A los efectos de encarar el problema político, Lacalle se declaraba partidario de utilizar una franja de territorio sobre la frontera donde las prohibiciones fueran más acentuadas.
Pero lo más notable de su intervención de hace ya casi 32 años, por el valor que tienen las cosas y los pensamientos por estos días, es su conclusión final: «pero sin olvidar que este cuidado que tenemos sobre la propiedad rural no estaría de más que lo demostráramos con otro tipo de propiedad más proclive a la influencia extranjera, a la influencia de la segunda intención, como lo es la propiedad de las empresas, de los Bancos, donde las fluctuaciones son más difíciles y los colmillos más afilados y a través de la cual se puede perjudicar mucho más el interés de la República». ¡Qué bien hablaba Lacalle hace 32 años!
Da para pensar cuáles fueron las causas que determinaron que tomara un giro de 180 grados en su pensamiento político. Se puede entender que el hombre político puede ser un revolucionario permanente, buscar constantemente las soluciones que el país y la gente necesitan, pero las soluciones tienen siempre que buscar el progreso y nadie, absolutamente nadie, puede entender que las soluciones pasen por vender el patrimonio nacional, en este caso las tierras.
Las deducciones que podemos sacar es o que Lacalle está equivocdo y no se da cuenta, o está mal asesorado y tendrá que rever su equipo, o –lo que sería peor– que está siendo presionado por organismos internacionales que actuarían en contra de lo que se debiera defender. No quiero pensar en eso. Solamente le diría al señor Lacalle que repase su pensamiento y recuerde que cuando dijo hace 32 años, «Donde las fluctuaciones son más difíciles y los colmillos más afilados», se refería sin ninguna duda a los «colmillos» de las multinacionales, de los monopolios internacionales y que ni por la cabeza se le pase que en tan corto tiempo se les «desafilaron los colmillos». *
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