Ciencia y tecnología
Si existe una cenicienta en el Uruguay a la que, además de no dársele los correspondientes recursos, se desprecia, es una actividad fundamental para el futuro. Hablamos de la ciencia y la tecnología, en que trabajan cientos de científicos y técnicos que, mal pagos, mantienen inalterable su trabajo, muchas veces poniendo dinero de sus propios bolsillos, para poder seguir adelante. Claro, hasta que sobreviene la desmoralización y el consiguiente contrato en el exterior.
Si una forma de medir el desarrollo de un país es hacerlo por el lado de los logros de la ciencia y la tecnología, aparece cada día como irracional la actitud del gobierno de reducir aportes, negar recursos y condenar al hambre a los investigadores que, pese a sus calificaciones muchas veces envidiables a nivel internacional, carecen de remuneraciones medianamente aceptables.
Cuando el propio Presidente de la República hizo publicar en la página Web de la Presidencia los sueldos que se pagan en diversas reparticiones del Estado, la comprobación de esa realidad saltó a los ojos de todos. Un investigador, además de docente grado cinco de la Universidad de la República, con cuarenta horas de carga horaria, cobra un sueldo menor al de un portero de banco. Claro, la comparación es odiosa, porque el portero no tiene la culpa de las distorsiones determinadas por gobiernos miopes, que no han percibido nunca la importancia de una actividad que es fundamental para el futuro del país. Un país tiene posibilidades de crecer de manera coyuntural como reflejo de medidas cambiarias, de lo que el Uruguay es un ejemplo. Pero nos preguntamos: ¿es posible un progreso sostenido sin resolver y adaptar a nuestra realidad y posibilidades, los temas vinculados a la ciencia y la tecnología?
Por supuesto que algunas personas que no creen que ello sea necesario y, como siempre, sostienen y aplican un mecanismo siniestro, el de contratar a «consultores» foráneos que llegan al país, cronometrando su visita, para aconsejar salidas sobre tal o cual problema que, generalmente, se convierten en recetas repetidas que no sirven para el desarrollo sostenido.
Los que proponen esas políticas son los que, además, no tienen en cuenta los recursos humanos que existen en el país, muchos de ellos que suman a sus títulos nacionales, otros logrados en el exterior, en universidades del más alto nivel, a lo que adjuntan una muy larga experiencia en diversos campos. Recursos humanos que, lamentablemente, se desmoralizan y buscan trabajo en el exterior, para trasladar allí su lucha por el conocimiento.
Hasta los organismos multinacionales de crédito sostienen que es una actividad que hay que desarrollar, pero quizás porque ponen el énfasis en otras cosas, no han logrado que el gobierno mueva un solo dedo para apuntalar a los investigadores y a las organizaciones que los cobijan, fundamentalmente la Universidad de la República y el Instituto «Clemente Estable», que vive hoy una situación prácticamente terminal.
Hasta hace poco se adeudaban las partidas correspondientes a 2003 para investigación asignadas al Conycit y, por supuesto, existe una incógnita muy grande en torno a las que corresponden al presente. ¿Cómo se pueden iniciar trabajos de investigación originales sin la asignación de recursos? Sólo con la «magia» y el esfuerzo denodado de los propios investigadores, pero sabiendo que esa lucha a brazo partido tiene un techo. Si se necesita un aparato, o materiales específicos de laboratorio, o bibliografía, o equipos informáticos para realizar consultas con colegas diseminados en el mundo, todo se detiene. La investigación sin recursos es una misión imposible y el esfuerzo de los profesionales corre el riesgo de convertirse en frustración tras la cual viene la gestión en el exterior y la segura «fuga de cerebros».
Algo de todo esto se debatió el martes a nivel de la Comisión Permanente, dando el ministro respuestas imprecisas, que no van al fondo de la cuestión. Claro, el ministro de Economía y Finanzas no es quien fija ni apuntala las políticas de ciencia y tecnología y, además, en este país donde se recortan otros rubros fundamentales, como el destinado a medicamentos para Salud Pública, o el que permite que la comida llegue a merenderos y comedores, ¿por qué ese mismo funcionario no va a recortar también rubros que, de acuerdo a la línea de Batlle, no están destinados a temas fundamentales para el país? *
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