La fuerza de la razón y la movilización

El 18 de diciembre se apagó el horno que venía funcionando en la palanta de Portland Ancap de Minas. Se dejó de producir cemento. Pocos días antes se nos había informado que esto acontecería por parte del ingeniero García, responsable de dicha planta. Primero se nos manifestó que sería por 2 meses. Luego nos adviertieron que no podían asegurar que transcurrido ese tiempo se pudiera volver a producir en la mencionada planta. La incertidumbre se acrecentó a partir de declaraciones públicas de más de un director, y se transformó en alarma cuando una comisión de ediles minuanos se entrevistó con directores de Ancap. En pocos días para los medios de prensa de Lavalleja y para los distintos sectores políticos y sociales del departamento, la perspectiva del cierre por tiempo indeterminado de la planta se convirtió casi en un hecho. Es natural que esto generara primero preocupación, y luego la firme determinación de evitar la pérdida de otra fuente de trabajo por parte de los funcionarios de Ancap organizados en su sindicato, y los distintos gremios del plenario departamental. Generó también mucha preocupación en un buen número de trabajadores privados que realizan tareas para Ancap y quedaban sin su fuente de ingresos. Hasta aquí algo que es natural, ya que ha acontecido cada vez que una fuente de trabajo se ve amenazada, en un país donde las políticas neoliberales aplicadas por los gobiernos de turno han generado unas tasas de desocupación, subempleo y salarios miserables, alarmantes.

Lo que no siempre ocurre, y que en esta ocasión sí ocurrió, y que sin duda cambió el resultado de este capítulo de la historia de la lucha en defensa de la industria estatal del portland, fue la comunión de esfuerzos de trabajadores, empresarios, comerciantes y sectores políticos, para demostrar que no existían razones valederas para mantener cerrada la planta de Minas a la producción de portland.

Aunque muchos ahora intenten ocultarlo, así como también muchos pretenden que la gente se olvide rápidamente de lo que ocurrió el 7 de diciembre del 2003; lo cierto es que durante 2 o 3 semanas hubo un debate público sobre la reapertura productiva de la planta de Minas.

El Centro Comercial de Lavalleja coincidió con los planteos del sindicato reclamando la reapertura. Y convocó a la excelente movilización realizada en la tardecita del 6 de febrero en la plaza Libertad de Minas.

El empresario minuano Eduardo Riceto y también el Presdiente de la Unión de Exportadores del Uruguay Daniel Soloducho dejaron muy claro no sólo las buenas posibilidades de exportación hacia Brasil, sino que además redujeron a escombros los argumentos de Directores de Ancap que manifestaban temores sobre los perjuicios que pudieran significarnos exportar al vecino país. Por si estas argumentaciones fueran poco, se supo luego que la Cía. Uruguaya de Cemento exportó 38 mil toneladas a Brasil en el 2003 y que incrementará en forma muy importante esa cantidad en el 2004.

Pero además los sectores políticos, quizá no con la fuerza que hubiéramos deseado, plantearon su preocupación y operaron en reclamo de una pronta reapertura. El sindicato (y es necesario decirlo porque a muchos les cuesta reconocerlo), se movió con habilidad, con sentido táctico, coordinando con los diferentes sectores preocupados por el tema, y con la abosluta convicción, expresada públicamente en diversas ocasiones, de que esta es una de esas peleas que no se pueden perder, y con la determinación de poner todo, todo lo que fuera necesario para alcanzar un objetivo que se transformó en un clamor de la sociedad minuana.

El jueves 5 de febrero el Directorio de Ancap aceptó el criterio planteado por las gerencias de portland de encender nuevamente un horno en Minas. En el correr de este mes se comenzará a producir cemento nuevamente. No cabía políticamente otra resolución, lo expresamos así en diversos medios, y también en las movilizaciones realizadas ese mismo día (por la mañana) en Montevideo y Paysandú.

El 6 de febrero se realizó en el centro de Minas una concentración y acto, con una presencia de gente como no se aprecia muy seguido en esta bella ciudad, y en la que destacaron no solo los trabajodores de Ancap y otros gremios sino que además estuvieron presentes representantes de los distintos partidos políticos (incluidos representantes nacionales), empresarios y el Centro Comercial que incluso convocó a la concentración.

Festejamos naturalmente, un festejo sereno, el de quienes saben que fueron protagonistas de una batalla culminada con éxito y tienen clara conciencia de que es solo un paso. Otras batallas vendrán. Para demostrar la viabilidad de esta industria en manos del Estado, para elaborar una propusta que permita trabajar con tranquilidad, contribuyendo a bajar del cartel, y convertirla en realidad palpable esa consigna tan sentida del Uruguay productivo.

Con nuestras convicciones muy firmes, con ideas, con propuestas propias, vamos también a comenzar esa tarea buscando los consensos posibles. Este pequeño paso demuestra, y una vez más, que no es buena cosa quedarnos en el estadio de la resignación. Se puede. Claro que se puede. Salud a todos. *

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