Los uruguayos en el exterior

En estos últimos días el tema de la emigración ha estado en los principales medios de prensa. También ha salido a la opinión pública el reclamo de que se establezca un marco normativo que permita a los miles de compatriotas que están en el exterior poder votar en los comicios nacionales. Además de los proyectos presentados, uno de ellos de mi autoría que data del año 1997 y que se encuentran radicados en la Comisión de Constitución y Códigos de la Cámara de Representantes, se habla incluso de una iniciativa popular y de un proyecto de reforma de la Constitución a plebiscitarse conjuntamente con las elecciones del último domingo de octubre.

Las iniciativas que abordan el problema de los uruguayos en el exterior, intentan dar un cauce positivo a la angustia que sufre la familia uruguaya al haberse agravado y aumentado la tendencia de nuestro país a ser un exportador neto de lo que algunos llaman «capital» humano.

Antes que nada es bueno señalar e identificar claramente por qué razones está el país donde está y como está, y señalar quiénes han sido los responsables directos de esta situación Ha sido la grave crisis sufrida por nuestro país a partir de condicionamientos externos sin duda, pero corregida y aumentada por la incompetencia técnica, profunda irresponsabilidad e incapacidad política del gobierno de coalición colorado – blanco, que llevó a la emigración a su más alto nivel.

El número de los que han emigrado en los últimos meses, que se intuye –ya que no se conoce a ciencia cierta pues el Estado uruguayo no tiene mecanismos para medirlo– ha sido impactante. Como dirigentes políticos, recibimos permanentemente noticias de ciudadanos que estando fuera del país, nos informan de la llegada de decenas de compatriotas en las más diversas condiciones, buscando una fuente laboral para poder «parar la olla» y en el futuro enviar remesas a aquellos familiares que se han quedado en Uruguay. El fenómeno se ha extendido y se ha agravado en tal forma que, en algunos pueblos del interior, los jóvenes en conjunto, planifican la emigración directa extra región, en general al hemisferio norte.

Es obvio, pero a veces el acostumbrarse a estos hechos lleva a olvidar el feroz impacto que se produce sobre las familias y la sociedad uruguaya.

A las dificultades cotidianas, se agrega la angustia de ignorar cómo estará el que se encuentra a miles de kilómetros de distancia y la preocupación permanente de la familia separada.

El país debería tener una política demográfica de la que hoy carecemos. Un conjunto de instrumentos políticos y legales que apueste al desarrollo sostenido de nuestra población y al mismo tiempo reafirme y refuerce nuestro sentido de identidad nacional.

Si alguna política tiene el Uruguay en esta materia es la de dejar librado a las leyes del mercado todo lo relacionado con la demografía. En la reafirmación de una concepción neoliberal de búsqueda de un estado mínimo, estos gobiernos de blancos y colorados han llevado la emigración a las cifras más altas de las últimas décadas, pero también a la pobreza extrema a segmentos enteros de población y en particular al sector más vulnerable: niños, niñas y adolescentes.

Es en este marco que debe analizarse la integración de los miles de compatriotas que viven en forma permanente en el exterior, buscando la forma de sumarlos al destino nacional y en el marco de un mundo de globalizaciones, poder invitarlos a contribuir al proyecto de un Uruguay más justo, más próspero, más solidario.

La reconstrucción de este Uruguay devastado parte de reconocer el hecho de que una gran parte del país se encuentra fuera de fronteras. Por más que se quiera borrarlo, está allí siempre presente La inserción e integración de esa parte de país constituye un reto. Dentro de ello, posibilitar el voto de los uruguayos fuera del país, no es sólo un reconocimiento de un derecho de los ciudadanos, sino también una apuesta fundamental a un Uruguay distinto.

Abordar el tema de esta forma pone a los sectores más conservadores de nuestra sociedad a la defensiva, ya que demuestra claramente que integrar la diáspora (como lo hacen todos los países de emigración) no es una idea peregrina, y habilitar el voto en el exterior no es un mero capricho.

A los sectores que se niegan siquiera a tratar el tema y que en general se oponen a cualquier cambio institucional, lo que en definitiva refleja el inconfesable deseo de vivir en un país que ya no existe, les decimos que redoblaremos el esfuerzo y la lucha para que el Uruguay sea de todos, incluyendo a aquellos que sea por la razón que sea, viven fuera de fronteras. *

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