Puerto de La Paloma: luz de alerta

La posibilidad de que el Puerto de La Paloma sea licitado el próximo 16 de febrero, con el mecanismo de la megaconcesión, que otorga facilidades de prioridad al proyecto original, ha activado los mecanismos de alerta de la ciudadanía y del sistema político.

Desde distintos sectores, vecinos, grupos empresarios, grupos ambientalistas, Intendencia, se ha encendido una luz roja de peligro.

Porque uno, racionalmente, pensaría que un gobierno que entra en su período final, aislado y luego de una derrota política contundente, como fue el referéndum del 7 de diciembre, adoptaría una actitud de prudencia y responsabilidad, para permitir una transición pacífica.

Pues no.

El gobierno y en particular el ministro de Transporte y Obras Públicas, han puesto el pie en el acelerador, para poner en marcha proyectos que afectan el patrimonio nacional y que impactarán directamente en la gestión del próximo gobierno.

Todo haría pensar que los reflejos democráticos de un gobierno y de una alianza de partidos tradicionales, que se puso al hombro la defensa de la ley de concesión de Ancap, ante el pronunciamiento inequívoco e irrefutable del soberano, con una mayoría aplastante del voto rosado, harían una lectura correcta del pronunciamiento en las urnas. Convocarían los máximos órganos de direción de dichos partidos, sus Convenciones, para evaluar dicho resultado.

La realidad demuestra que la autocrítica ha sido borrada del léxico de las Direcciones de dichos partidos y que en lugar de la modestia republicana y de la austeridad, como virtudes cívicas, se hacen los distraídos, y consideran que no hay mejor defensa que un buen ataque y concentran sus baterías contra el Encuentro Progresista-Frente Amplio y en especial contra su líder, el doctor Tabaré Vázquez.

El magnífico acto del XXXIII Aniversario del Frente Amplio, en pleno verano, fue una demostración de masas, de claridad programática, de vocación de gobierno y de amplitud de convocatoria, recibiendo la presencia y el saludo de organizaciones sociales y empresariales.

Sin triunfalismo, con responsabilidad institucional, la misma que demostramos en 2002 ante la catástrofe bancaria , el doctor Vázquez propuso: «Declaremos un estado de emergencia sanitaria y alimentaria de estos niños y de estos jóvenes (marginados y excluidos) y en función de ella crear un Comité Nacional de Emergencia con los ministerios involucrados en el tema y con organizaciones no gubernamentales, organizaciones de la sociedad civil que se dedican con seriedad y experiencia en estos temas, para que se estudien y concreten desde ya para atender esta emergencia social…».

También habló de los lineamientos programáticos, elaborados por más de 700 técnicos, que fueron base para los documentos del IV Congreso del Frente Amplio, junto a trabajadores del campo y la ciudad, empresarios, comerciantes, exportadores, organizaciones sociales y religiosas que fueron elaborando, descentralizada y participativamente, cada programa departamental, que está fuertemente concatenado con el Programa de Gobierno Nacional, que no fue elaborado por una elite de iluminados entre cuatro paredes sino con el trabajo de todos los frenteamplistas y encuentristas a lo largo y ancho del país.

La respuesta fue de entusiasmo y apoyo del público y de las fuerzas del cambio y de rechazo y menosprecio de las fuerzas conservadoras.

Por parte del gobierno contestó en conferencia de prensa el ministro de Defensa, como si fuera un parte de guerra. ¡Qué pobreza¡ ¡Qué lástima que el gobierno no tenga un mínimo de humildad y sensatez política!

Por último quiero destacar las encendidas palabras del candidato a vicepresidnete de la República, quien no sólo desnudó el incumplimiento del programa preelectoral de blancos y colorados para llevar a la presidencia al doctor Batlle, sino que alertó ante la falta de transparencia y austeridad del actual gobierno, «siempre hay un halo de joda» en las concesiones y convocó a bregar por un país productivo y de justicia social y a una reforma del Estado sin color político.

La concesión del Aeropuerto de Carrasco, el intento de concesión por 50 años del Puerto de la Paloma, lo sucedido en OSE rompiendo el contrato con UTE y el posible beneficio a empresas extranjeras en el tema del agua, lo sucedido con Ancap después del 7 de diciembre tanto en la sangría con las inversiones en la Argentina como en el tema Portland o la violación del dictamen del Tribunal de Cuentas y el beneficio millonario al concesionario privado para el cobro doble del peaje, obligan a un examen minucioso y responsable.

Es evidente que los objetivos con los que el Poder Ejecutivo impulsó la megaconcesión, tanto de traer importantes inversiones como de generar miles de puestos de trabajo no se corresponden con la realidad.

El gobierno, de manera imprudente y temeraria, está comprometiendo el patrimonio nacional por medio siglo, cuando sabe que tiene los días contados.

Recordemos las sabias palabras del padre Artigas: «Nada podemos esperar sino de nosotros mismos».

No permitamos vender el rico patrimonio de los orientales al vil precio de la necesidad o de la conveniencia. *

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