Mártires de Quinteros y "otros"
Con motivo del aniversario de don Frutos, siniestro personaje de nuestra historia y fundador del Partido Colorado, llamado también de la «Defensa» (de intereses imperiales ingleses y franceses de la época) Julio María desempolvó actualizando viejas «hazañas» de su colectividad. Espléndido. Ya nos referimos en su momento a Rivera con su emblemático genocidio de Salsipuedes contra los charrúas. No conformes, decidieron homenajear a los «mártires de Quinteros».
Bueno es refrescar memorias veraces, que César Díaz Freire y demás muchachada, según ellos, inmolados en Quinteros, de mártires y patriotas jamás tuvieron nada. Todo comienza instigado por otro oscuro personaje, Juan Carlos Gómez, que en su momento negaba la existencia del Uruguay: se sentía argentino, y supo ser especialista en programar levantamientos contra gobiernos legalmente constituidos. Jamás tiró un solo tiro. «Aprontémonos y vayan» se le puede definir. Y fue en el caso la víctima el gobierno de Gabriel Pereyra. Que en su origen había sido electo por acuerdo de ambos partidos. Pereira fue colorado incluso. Y de Rivera de quien fue su vicepresidente. Cuando lo abandonaron por meras razones de «poder» se pasó a los blancos, que fieles a la legalidad impuesta por Oribe, lo respaldaron. En buen romance, el general César Díaz y sus boy’s, alegando que se «perseguían» colorados, invadió por el poder liso y llano. El gobierno mandó al ejército de línea a defender la legalidad. A su frente, designó al general Anacleto Medina. ¡Que era colorado! El bueno de Anacleto ganó la batalla y según referencias de su tiempo bravío, tenía diferencias y enemistad con César Díaz: Y aprovechando «de apuro», los ejecutó.
El gobierno enterado del resultado de la batalla, y supongo que sospechando de la «ejecutividad» de Anacleto, fletó enseguida un chasque a caballo. No había otro medio, con órdenes de evitar todo derramamiento de sangre y bajar los prisioneros a Montevideo para juzgarlos legalmente. Es obvio, que el chasque sin perjuicio de haber tomado alguna «birundela» en pulpería del camino, llegó tarde. Don Anacleto había sido general de Don Frutos en Guayabos contra Urquiza. Incluso su gestión en la misma fue tan destacada que el propio Rivera le obsequió su espada. ¡Colorado hasta las pestañas! O sea, los mal llamados «mártires» no los mataron los blancos sino sus propios correligionarios.
Las cosas en su sitio. Y ya que estamos historiando, y previendo algún otro «salpuyido» de homenajes al «civismo» colorado y batllista es de recordar que todos los golpes de Estado en el Uruguay, los dieron los colorados. Incluyendo al «legalista» don José Batlle (a) don Pepe. Ese señor, al igual que Frutos, Flores, César Díaz, Latorre, Santos, etc., adornó la «torta» colorada con espléndidas «frutillas». Apoyó en su momento el golpe de Lindolfo Cuestas. En las páginas del diario El Día llegó a afirmar «que era una bendición de Dios». Puesto claro está, con mayúscula en éste caso. Hay por ahí, alguna foto suya con uniforme de Guardia Nacional y sus grandes bigotes, rodeado por generales golpistas. Esto claro está, sin mencionar que pidió por intermedio del traidor de Acevedo Díaz en Buenos Aires, la intervención yanki para terminar con Saravia. Y lo que se «tapa» convenientemente, que los yankis cumplieron y vinieron. A su pedido. Cuatro barcos de guerra de calado ligero, por navegar por los ríos, el Brooklin, el Atlanta, el Castine y el Marietta. Venían de Mozambique dando la vuelta por el Cabo de Nueva Esperanza en un viaje por cierto largo. Llegaron diez o doce días después que había muerto Aparicio. Desembocaron, desfilaron desde el puerto hasta la Plaza y allí pusieron ofrendas florales a Joaquín Suárez en ese entonces héroe nacional de los colorados.
Fueron coherente incluyendo a don Pepe que tampoco se salvó. Buena cosa sería avisarles que olviden su memorable y bastante «triste» historia y no sigan publicando en el diario «colorante» caganchero referencias del pasado. ¡La verdad, que no tienen desperdicio! *
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