El nefasto camino pro cíclico
«El déficit fiscal no es de izquierda o de derecha», afirmó alguna vez el doctor Tabaré Vázquez. Ese concepto, por supuesto, no es nuevo. Solamente es el resultado del sentido común, de una lógica a prueba de las elementales diatribas interesadas como las que lanzan, continuamente, algunos políticos que tratan de erosionar el irresistible empuje del Frente Amplio Encuentro Progresista, hacia la obtención del gobierno nacional.
Pero, ¿cómo definir las últimas medidas que aplicó el gobierno? ¿De derecha o izquierda? Sin ánimo de internarnos en definiciones histórico filosóficas que caracterizan los extremos, y por saber que sectores en este sufrido país son motejados como de izquierda o de derecha, creemos que las medidas pro cíclicas que se reiteraron por largo tiempo, van más allá de esas definiciones, para convertirse en antinacionales, además de ser desubicadas y torpes.
Es que ha corrido demasiada agua bajo los puentes y cuando estamos a pocos meses de las elecciones nacionales la crisis, abonada por una recesión que duró varios años, con crecimiento pequeño que ni siquiera se estabiliza (veremos lo que ocurre en marzo, cuando los turistas vuelvan a sus países) el gobierno continúa adelante con su irracional receta que sigue empobreciendo a los habitantes del país, los sectores populares que quizás acompañen a la izquierda (asalariados, pequeños productores e industriales, clases medias, etc.), pero también a los que siempre se han caracterizado como integrantes de la derecha (grandes productores agropecuarios, industriales, sectores de altos funcionarios tanto de la actividad privada como pública, etc.)
En más de una ocasión desde la presente columna hemos sostenido, contrariando la visión del gobierno y de algunos economistas caracterizados por sus dichos cortoplacistas y cambiantes, que el camino seguido en forma obstinada por el equipo económico y el presidente Jorge Batlle, indefectiblemente llevaban al país a una situación de debacle generalizado.
Hace algún tiempo sostuvimos que por el camino de la pobreza se llega al default, desgraciada conclusión a la que nos llevaba esta política que, en una dramática y sucesiva progresión, sólo atinó a aplicar nuevos ajustes, todos ellos recesivos, dirigidos a aumentar la presión impositiva sobre sectores exhaustos y, por la vía de las tarifas, empobrecer más al conjunto de la población y a muchos que ya habían caído en cesación de pagos, haciendo funcionar el país en base al creciente endeudamiento.
En los años de vigencia del gobierno del doctor Jorge Batlle, no se intentó una sola medida destinada a tratar de sacar a la economía de su postración, agobiada por el déficit fiscal, por el atraso cambiario y por la destrucción del aparato productivo que en el mejor de los casos se encuentra todavía maltrecho, pese a que en otros casos más dramáticos ya ha caducado en su actividad.
Allí están los desocupados que lo prueban. Y, lamentablemente no se intenta otra cosa. Sólo se apostó, dado que han mejorado los precios relativos, a que algunas exportaciones, como la de carne, mantengan su mejorado perfil y que la corriente turística, atraída por los bajos precios relativos provoque un mejoramiento de las condiciones generales.
Y ello es demasiado poco. El país necesita un impulso potente, serio, evitando el derecho de los privilegios, adaptando la economía a las necesidades de una población que debe pagar siempre los platos rotos. El tema de la carne, sin duda, es aleccionante. Cuando el negocio es bueno para los frigoríficos, que exportan, trasladan los valores externos al mercado interno.
¿Cómo el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca, no puede regular esa agresión generalizada contra el nivel de vida de millones de uruguayos que han tenido que dejar de consumir carne? ¿Sería bueno que el secretario de Estado responsable de esa cartera diera explicaciones de las razones reales por las que no autoriza la importación de carne para surtir el mercado interno con carnes a precios más accesibles?
Es una explicación que se le debe al país y, especialmente, a quienes no pueden acceder a ese producto tan importante para las costumbres gastronómicas uruguayas. *
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