Uruguay visto desde la China antigua
Tao Te King es el clásico y célebre texto poético, filosófico, moral, religioso y político chino cuyo título puede traducirse como Libro del sendero y la virtud. Según la tradición, fue compuesto por Lato Tse o Lato Tseu («Viejo Sabio») quizá alrededor de los siglos VII o VI a. C., pero la autoría de ese personaje es harto dudosa, e incluso su propia existencia no ha sido verificada históricamente, de modo bastante similar a lo que sucede con Homero y las dos grandes epopeyas a él atribuidas, Ilíada y Odisea.
Tao significa sendero o camino, pues alude a la ruta que han de recorrer la razón especulativa y el conocimiento sensible para alcanzar una meta virtuosa que es la fuente primaria, eterna e inmaterial de la Creación en su totalidad. El Tao Te King (en adelante simplemente Tao) fue divinizado y, en el siglo II a. C., dentro del mundo religioso y filosófico de China tuvo un gran esplendor la religión taoísta, que declinó aceleradamente recién en virtud de los grandes acontecimientos del siglo XX (caída del imperio en 1911, revolución maoísta en 1949).
El abismo cultural, temporal y geográfico que nos separa del famoso texto chino no impide que aún hoy y aquí haya numerosos e importantes fragmentos que conservan una actualidad sorprendente, en parte debida a la característica que poseen sus hermosos y breves versos, de brindar al lector la posibilidad de «completarlos» con su propia reflexión, o dicha en otros términos, derivada de la posibilidad que los versos del Tao tienen, en el sentido de ofrecerse a su lector como una «obra abierta» (concepto no muy novedoso pero usado desde 1962 casi como una moda, inspirada en el título del primer libro de Umberto Eco que tuvo amplia divulgación internacional). El escritor argentino Abel Posse ha llegado a decir, con razón, que la profundidad del taoísmo en China como escuela de reflexión y factor de enorme influencia en el pensamiento y el arte de ese país, se ha reflejado incluso en algunos poemas de Mao Zedong. Todo ello pese a que no mucho tiempo después de haber alcanzado su esplendor, el taoísmo cayó en absurdas y complejas prácticas supersticiosas y mágicas que degeneraron su esencia.
Respecto al Tao en sí, consideramos que a esta altura del presente artículo lo mejor es ir directamente a algunas de las partes más salientes del famoso texto.
* Los gobernantes. «A estos les sucedieron otros menos grandes,/que fueron adulados y respetados./Luego vinieron los que eran temidos./Y finalmente la peor clase, los que son despreciados». (como nuestro gobierno actual)./»El buen gobernante habla poco» ¡atención, doctor Batlle!).
* Los belicistas, agresores e invasores. «Quien pretende manejar el mundo/no lo puede conseguir/(…)/El manipularlo conduce al fracaso./El dominarlo conduce a la pérdida».//… donde acampan los ejércitos/sólo crecen espinas y cardos,/y tras las guerras, siguen los años de hambre./Así, el buen líder/ (…)/no desea conquistas/ni recurre a la agresión./ (…)/no se jacta de su acción/ni se juzga superior»//»Las armas son instrumentos funestos,/no adecuados para el hombre sabio./sólo las usa en caso de necesidad,/y lo hace con moderación» (tenga todo esto en cuenta, señor G. W. Bush).
* Los valores y las normas. «Perdida la virtud, queda la bondad./Perdida la bondad, queda la justicia./Perdida la justicia, queda la norma./La norma es sólo la apariencia de orden/y el origen de todo desorden»./»Cuantas más leyes y decretos,/más ladrones y bandidos habrá». Dos conclusiones: a) la norma jurídica vacía de justicia, bondad y virtud es una mera forma, despreciable y residual; b) no se combate eficazmente la delincuencia con leyes más severas, tipificando más delitos y aumentando las penas (esto parece ignorarlo la mayoría de nuestros legisladores desde hace muchos años).
* La demagogia y el falso radicalismo. «Emprende lo difícil, como si fuese fácil./Acomete lo grande como si fuese pequeño./Proyecta lo difícil de hacer, comenzándolo por lo fácil./(…) El que promete a la ligera,/difícilmente mantiene su palabra».//No hay nada en el mundo,/algo tan blando como el agua./Ni nada tan poderoso como el agua/para vencer lo duro».
* El líder y el pueblo. «Para estar delante del pueblo/debe colocarse atrás.//(…) «Por la humildad puedo ser líder». Vale decir que el verdadero líder no es un cacique mandón, tampoco alguien que promueve o acepta con complacencia el idolátrico culto a su personalidad, sino un intérprete del pueblo y a lo sumo y razonable consejero de él.
* La injusticia tributaria y distributiva. «Que el pueblo pase hambre/ocurre porque los gobernantes/exigen excesivos impuestos./(…) Si el pueblo es indiferente a la muerte/es porque vive con dificultad/(…) Quien vive con dificultad/no puede estimar la vida».//»El Tao del Cielo/quita donde sobra/y completa donde falta./La ley de los hombres/es, sin embargo, muy distinta:/quita donde no hay suficiente/para dar donde sobra». ¿Qué más cabe decir de nuestro régimen tributario, cuyo principal peso deben soportar los más necesitados? ¿Y de nuestros gobernantes, que son lo contrario de Robin Hood: roban a los pobres para dar a los ricos? Quien haya escrito textos como los que hemos transcripto, ¿debió tener facultades proféticas? ¿cómo es posible que muchos siglos antes de Cristo pudiera haberse previsto desde China/hechos que acaecerían a fines del siglo XX y principios del XXI en nuestra República Oriental del Uruguay? ¿Tendremos que consultar a los eruditos sobre la historia de la antigua China? ¿no será necesario: el profundo conocimiento del ser humano, independientemente del medio cultural, temporal y geográfico, y por muy fuerte e indiscutible que sea la influencia de ese medio, provenía la gran sabiduría del viejo lao Tse o de quien haya sido el autor –o los autores– del Tao. Aún corriendo el riesgo de repetir una simpleza, recordemos que no en vano los clásicos son clásicos. *
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