"De los dichos a los hechos… hay un buen trecho"
La importancia del agua para la vida realmente está fuera de toda discusión. En nuestro país se ha tenido conciencia al respecto desde hace décadas y desde la escuela primaria todos los uruguayos comenzamos a manejar datos en relación a la importancia del uso del agua potable.
Por otra parte, la Asamblea General de las Naciones Unidas proclamó el año 2003 «Año Internacional del Agua Dulce», para promover medidas en el ámbito local, nacional, regional e internacional, dado que consideró que era fundamental promover la conciencia de la importancia de un uso sostenible, de la buena gestión y de la protección del agua dulce en todo el mundo.
En ese sentido aquí –en nuestra Junta Departamental– se encararon actividades a tono con la temática del año, y especialmente se conmemoró el 22 de marzo, que es el «Día Internacional del agua» con una Sesión Extraordinaria alusiva.
En la moción original en la que se planteaba dicha sesión se decía «que era necesario destacar la importancia de este recurso natural esencial para la vida, así como la importancia del acceso al agua potable y el acceso al saneamiento como derechos humanos fundamentales».
En esa Sesión Extraordinaria expresé: «Me centraré en un análisis más bien político del tema del agua, porque ha cambiado mucho el mundo y hoy en día los organismos multinacionales de crédito aprueban préstamos a los gobiernos de los distintos países y en los planes de pago aparece la entrega de los recursos hídricos. Sería totalmente injusto que teniendo tanta riqueza hídrica a favor, nos quedara tan vital recurso comprometido, tan vital recurso privatizado y que nos sucediera por ejemplo como a Chile, que los ríos están en manos de empresas privadas».
Además, como dice la escritora canadiense Barlow, autora de la obra sobre este tema llamada «Blue gold», «es impresionante estudiar y analizar los escándalos que han ocurrido con las experiencias privatizadoras del agua en el mundo». A lo cual yo modestamente agrego que la experiencia privatizadora en Maldonado, con la concesionaria Uragua también ha sido una experiencia desastrosa para Uruguay, que de acuerdo a los reclamos populares debemos rechazar contundentemente.
Quiero expresar claramente que en esta materia soy absolutamente partidaria de confiar en la empresa pública. OSE es para los uruguayos realmente una garantía, OSE nos brinda un agua potable de calidad, más allá de todas las cosas que debe mejorar en materia de gestión; por lo tanto, en este «Año Internacional del Agua Dulce» creo que es prioritario que reflexionemos sobre estas problemáticas y actuemos en consecuencia defendiendo el acceso al agua potable y al saneamiento como derechos humanos fundamentales.
Sobre todos nosotros ha recaído una gran responsabilidad.
Ahora bien, casi terminado el «Año Internacional del Agua Dulce» y paradojalmente exactamente el día 28 de diciembre –en que todos los uruguayos solemos hacernos bromas que justificamos con la frase «que la inocencia te valga»– ocurrió en nuestra ciudad un hecho absolutamente inusual, que nos mostró que «de los dichos a los hechos… hay un buen trecho».
Efectivamente, el domingo 28 de diciembre, un comunicado difundido por un canal local alertaba a toda la población que no se debía consumir el agua de OSE incluso para cocinar alimentos. Y en muchos hogares los y las maragatas –incluida quien escribe este artículo– sentían malestares diversos: vómitos, diarreas, decaimiento extremo inexplicable, etc., aunque no hayan requerido asistencia médica.
Transcurridas las horas, la «caja de Pandora» se fue abriendo y finalmente nos enteramos que desde el viernes 26 –por una cañada ubicada apenas dos kilómetros aguas arriba de la toma de OSE– había llegado al río San José gran cantidad de agua mezclada con el líquido que produce la basura del vertedero municipal.
Un gravísimo «accidente» puso en riesgo a toda la población de San José (35 mil habitantes); un accidente que pudo haberse evitado porque hace más de una década que se viene denunciando por distintos actores sociales (ediles, algunos periodistas, ambientalistas, etc.) que la mala ubicación del vertedero de residuos sólidos iba a terminar contaminado el río San José, justamente el río que alimenta de agua potable a nuestra ciudad.
Ahora bien, el marketinero Juan Chiruchi fue intendente municipal de los años 85 al 90 y de los 90 a los 95.
Después fue nada menos que ministro de Medio Ambiente y lo sucedió en dicho cargo la actual secretaria general de la Intendencia, la compañera Beatriz Martínez.
Hoy lo padecemos nuevamente como intendente municipal que ha acuñado el mentado «Milagro Maragato». Sin embargo, por aquellos años nunca escuchó las diversas demandas sobre temas trascendentes para la salud y para el medio ambiente de los habitantes de este departamento, aunque siendo ministro se pavoneó dando cátedra sobre el cuidado del medio hasta en Europa.
Por eso –aunque la Intendencia Municipal de San José pretende sacarse de encima la responsabilidad de lo acontecido en relación a la contaminación del río San José que nos dejó sin la posibilidad de tomar nuestra agua potable–, la responsabilidad existió y existe, y nuestro marketinero intendente don Juan Antonio Chiruchi es el principal responsable.
Realmente: el responsable número uno. *
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