Sobre Derechos Humanos

En los tiempos que corren suelen ser duros los contactos con la prensa, especialmente cuando un diario como LA REPUBLICA, en el tema de los derechos humanos, se ha jugado y ha tenido un protagonismo activo. Ha pasado el tiempo, pero la sensibilidad se mantiene especialmente por la confrontación entre los gobiernos del Uruguay y la Argentina, más precisamente a través de los presidentes Batlle y Kirchner. Es saludable todo lo que pueda hacerse para llegar a la verdad y dar algo de paz a los «familiares», que siguen siendo las víctimas vivas de esto tan doloroso. Son los que más siguen sufriendo.

Con referencia a Batlle, todos sabemos lo que se puede esperar, y no tenemos inconvenientes en decir que celebramos el triunfo de Kirchner en las elecciones argentinas y apoyamos su lucha por los DDHH. Pero todo esto parece haber entrado en un contexto espantoso. No nos puede extrañar que Batlle haya reivindicado, en este momento y ante la andanada argentina, el tema de los 80 uruguayos desaparecidos en ese país. Seguramente no pudieron en los gratos momentos compartidos en la estancia de Anchorena, con lindos motivos para brindar por la justicia, la paz y la hermandad, ponerse de acuerdo en ese tema. Kirchner le retrucó a Batlle que en realidad el numero de uruguayos es mucho mayor, cien y pico largos. Esto nos conmovió, nos dolió, nos afectó, como si estuviéramos asistiendo a una película de terror que podría llamarse «Mercaderes de cadáveres». Algo horrible. Sólo falto que se dijeran uno al otro: «Contá bien». ¿Y los familiares? Y bueno, aguantaron y sufrieron tanto, que un poco más… podría tolerarse.

En la cabeza de un monstruo y con tantos réditos en juego, capaz que esto puede concebirse. Los temas legales, querella y exhorto, parecen perder interés ante el aspecto humano. Es una infamia, un estilo, una forma de actuar que no tiene perdón. Pensamos que Batlle hizo un buen lanzamiento con la Comisión para la Paz; tal vez le fue sugerido para que él mismo hablara menos, o nada…

Se trabajó en serio con algunas personalidades de real valía y llegaron a algunos resultados, hasta que pudieron, y pasó lo que el gobierno no previó: que la corriente se llevara al Presidente y que Kirchner también lo arrastrara mucho más lejos de lo que pensaron. Tuvieron un asesor o «vocero», el doctor Ramela, que adquirió notoriedad, y cuando habló como «vocero, asesor», debió ser desautorizado. Porque la embarró hasta el cuadril, y esa metida de pata se le adjudicó el mote de «a título personal».

Batlle siguió dando tumbos, y éste no es un «asuntito más». Pienso que Batlle no actuó a conciencia ni llevado por sus sentimientos. Hasta creo, y ojalá me equivoque, que nunca estuvo frente al memorial de los desaparecidos; él está mejor en un hipódromo, en un 5 estrellas, o codeándose con Bush, ya que debe de ser el único que lo sigue adulando.

Ahora, hay que seguir adelante y lo más a fondo que sea posible. Ni los uruguayos ni los argentinos merecen el dolor y la vergüenza a la que se nos está sometiendo y su imagen ante el mundo. Basta por fin de estos diálogos de guapos o vivos entre Batlle y Kirchner. Ya el desacato no causa asombro, y esto hay que pararlo a tiempo, porque el de los asesinatos como las torturas y otras barbaridades no es un hecho aislado que se termina.

Soy de los que creo que el crimen de Cecilia Fontana de Heber se puede y debe aclarar. Muy probablemente, esos elementos están. La dictadura costó pero pasó. Ahora, todos igualitos ante la ley y ante la vigencia plena del derecho. Los que todavía recurren a la prepotencia, a su lugar. Que en muchos casos no es el que tienen. Debe imperar la transparencia, la seriedad, la autoridad. Solidaridad, y los que se consideran graciosos, que vayan al circo.

Problemas que son deplorables, como el pasado en que se sustentan, pero sin injerencias que lesionan la soberanía. Como el hecho nos toca, insistimos: a Batlle le queda grandísimo, se le fue de las manos, triste y doloroso, habrá que revisar mecanismos institucionales para corregir, sin meternos allá, sin que intervengan aquí. El tema de los DDHH está por sobre las banderías. Que nada sirva de pretexto para tapar nada; en estas condiciones las heridas no cicatrizan más. Hay que limpiar a fondo, no hay lugar para concesiones ni para distraer al pueblo con declaraciones efectistas. La gente bastante tiene con los problemas para subsistir, y esta polémica no ha sido conducente ni positiva. Se impone un «basta». ¡Nada de olvidar a los desaparecidos y violaciones a los DDHH. Menos, haciendo payasadas que ofenden la sensibilidad de los que más han sufrido. Y ellos volverán a sentir tranquilidad en su espíritu porque quedará demostrado que nunca estarán solos. *

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