¿No estamos demasiado abiertos?

Las Pymes se alarman, Cambadu también. Y la generalidad de consumidores de la sociedad uruguaya, o duerme la siesta de una borrachera de propaganda o, sencillamente, no le da importancia al asunto. Pero es cierto que la comercialización de los productos básicos que nutren a nuestras familias parece estar afectada de una grave dislocación, y que el comercio nacional parece sufrir un proceso agónico paralelo.

La economía global ha traído el supermercadismo. La costumbre impuesta ha dado primacía a las grandes superficies comerciales, y –el duelo en silencio– parecería decretada la muerte de los pequeños negociantes. Los que desde siempre alimentaron real y metafóricamente a los vecindarios montevideanos.

Centros de relaciones y de relacionamiento, los pequeños comerciantes de barrio servían como base del entramado social, y los pequeños empresarios sirvieron de base a la estructura industrial y comercial del país.

Y aún hoy, aunque pretendamos ignorarlo, son las medianas y pequeñas industrias las que sirven de base porcentual a la comercialización de productos en la escala planetaria.

Y de la producción, que sobre la incidencia de los mercados locales o nacionales en la economía mundial sabemos que la parte del producto bruto mundial que se comercializa internacionalmente es algo menos del 20 por ciento, «lo que quiere decir que más del 80 por ciento de la producción nacional que recogen las Cuentas Nacionales es de ámbito local o nacional. Hay que tener en cuenta, además, que dichas cifras constituyen solamente una aproximación a la producción mundial real, ya que dejan fuera, entre otras, las actividades productivas de autoconsumo, las cuales son una parte importante en amplias zonas de los países en desarrollo, como es bien conocido». (Francisco Alburquerque, del Instituto de Economía y Geografía, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Madrid, España).

No es forzado traer estos datos de la producción nacional y local al escenario que dibuja el supermercadismo, en cuanto es algo más que símbolo de la globalización de la economía. Asunto que afecta tanto a la producción como a la comercialización y que según se le conceda, deja vivir o ahoga la industria y el comercio nacional.

Que aquí –y en grueso– nos afecta la denuncia del presidente Batlle: estamos abiertos ante un mundo comercial cerrado.

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