Los acuerdos programáticos o vivezas políticas
Desde antes del 3 de setiembre de 1995, fecha de la promulgación de la Ley 16.713, trabajadores, jubilados y pensionistas no han dejado de señalar los enormes perjuicios que la reforma del sistema de Seguridad Social ha provocado, provoca y provocará a tanta gente. Su vigencia en el tiempo haría, transcurrido éste, más destrozo que una guerra, con sus secuelas de hambre, miseria y desamparo, situaciones éstas en la que ya se encuentran miles de uruguayos. La modificación del sistema fue el fruto de una trama política urdida por la gobernabilidad «Sanguinetti Volonté» antes del 1º de marzo de 1995 y cuya historia está muy fresca. Aún hoy los documentos programáticos de los partidos tradicionales, que se habían editado antes de la campaña electoral, proclaman la reforma de la seguridad social. Lo que nunca le dijeron a la gente era qué clase de reforma iban a hacer o, mejor dicho, les habían mandado hacer.
La ley en sí resultó una trascripción de los deseos del Banco Mundial, que desde tiempo atrás intentaba que Uruguay fuera parte del laboratorio que se estaba instalando como banco de pruebas en Latinoamérica. La historia tiene ya siete años y la concentración de una cifra multimillonaria en dólares en manos de las AFAP fue el resultado inhumano de procedimientos que dejaron a miles de trabajadores lejos de la jubilación, principalmente a las mujeres, a las que les piden más años de trabajo en épocas en que nadie encuentra empleo. Pero también se deshumanizó el amparo al trabajador enfermo. Fui testigo del fallecimiento de trabajadores que nunca llegaron a obtener una jubilación anticipada por enfermedad porque la mágica maquinita de medir los porcentajes del grado de incapacidad no llegaba a las cifras que los tecnicismos médicos habían establecido para esa enfermedad, y que el Poder Ejecutivo avaló mediante dos decretos hoy vigentes. Ya nos extenderemos sobre este tema, porque aquí hay una gran responsabilidad parlamentaria, la hay del Sindicato Médico del Uruguay y también del Departamento de Medicina Legal de la Facultad de Medicina, que conoce esta situación y mira para otro lado.
Estas son pequeñas perlas de esta ley que la Onajpu intentó una vez plebiscitar, pero que no se pudo porque todas las baterías apuntaron a deshacer el intento. No hay que olvidar que la ley nació en el Banco Mundial, y solamente los medios televisivos abiertos recibieron en nuestro país más de cuatro millones y medio de dólares en avisos publicitarios para promocionar las bondades del nuevo sistema. ¿Quién iba a poder decir algo en esos medios que no fuera la «verdad oficial?»
Los sectores de izquierda votaron en contra de la ley. El senador Michelini votó a favor.
Es más, el citado senador habló en la prensa y manifestó que » nunca apoyaría a ningún sector político que pretendiera eliminar las AFAP».
Hoy el senador Michelini está conversando sobre acuerdos programáticos o algo parecido con el Encuentro Progresista-Frente Amplio. Los trabajadores, los jubilados y pensionistas no pierden de vista cuáles son los motivos que durante tantos años de persistencia les han regalado miseria, desocupación, hambre y, en el caso de los pasivos, en cientos de miles de situaciones, una dádiva indigna, que es esto y no otra cosa en lo que han transformado su jubilación o pensión.
Esperamos que quienes aspiran a ser gobierno no olviden su compromiso con la gente, y uno de ellos es terminar con las instituciones financieras privadas que hace años que se quedan con los recursos del sistema de seguridad social y le cobran al trabajador por retenerle sus aportes. Hoy, momento en que muchos actores políticos se bajan de un camión y se suben al que va delante, argumentando «coincidencias programáticas», debemos estar vigilantes parsa que esos acuerdos, no se vayan a transformar en soporte de alguna banca donde los partidarios del deshumanizado sistema metan alguna cuña, procurando salvaguardar intereses que nada tienen que ver con la gran mayoría de la gente. Por lo pronto, trabajadores, jubilados y pensionistas ya sabemos lo que piensan al respecto, por ejemplo, Astori y Michelini, y no es cuestión de que, con tal de sumar, sea el partido que sea, nos sigan hundiendo en la miseria con el fundamento de que la unidad nos hará fuertes. Habrá unidad donde impere el ansia de llegar a un país justo, pero no la habrá si dentro de lo que aparenta ser un conglomerado de monolítico pensamiento, están los que ayudaron a crear el Uruguay miserable de hoy. Y por lo visto, hasta ahora, hay varios complacientes con que esto ocurra dentro del único partido que no tiene responsabilidades políticas del país miserable en que vivimos la mayoría y donde vive muy bien un grupúsculo que detenta el poder. *
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