Economía, ética y derechos humanos
La democracia es un conjunto de reglas primarias fundamentales que establecen quién está autorizado para tomar decisiones colectivas y bajo qué procedimientos, decía el recientemente fallecido Norberto Bobbio.
Horas atrás, Federico Mayor Zaragoza, ex director general de la Unesco durante 13 años, ha expresado que los países poderosos trastocan tanto las bases de la convivencia internacional, que cuando la Carta de la ONU dice: «Nosotros los pueblos», para ellos pareciera decir «Nosotros los prósperos».
También ha vuelto a hablar Stiglitz, diciendo que si se quiere la protección de los beneficios sociales de los trabajadores, las políticas económicas no pueden ser delegadas a los tecnócratas de las instituciones financieras internacionales, sino que deben ser el centro del debate democrático en cada país.
Plantean un tema sustancial: ¿la forma de distribución de la riqueza de un país, no es una regla primaria fundamental de la democracia? ¿No debería debatirse democráticamente el destino de los frutos de la «tímida recuperación (?)» de la que todos los días se habla en nuestro país, y no dejar la decisión en manos exclusivas de esa «cohorte de burócratas economistas, tránsfugas del gran capital financiero», según ha dicho acertadamente el querido amigo C. Santiago, citando a Theotonio dos Santos? Decisiones que nos han llevado al lamentable nivel que estamos, con cuatro uruguayos por hora que se fueron del país en el año 2003, por ejemplo.
¿O pasará lo mismo que con los U$3.500 millones que el sistema financiero nos estafó, en base a decisiones adoptadas en secreto, para la mayor felicidad de algunos pocos que forman parte de lo que acertadamente el periodista Jorge Bañales calificó como «Parranda de Bandidos en el Casino Global»?
Del otro lado del Plata también se habla de recuperación y crecimiento, lo que ha llevado a un periodista argentino a expresar con notable ironía: «Alguien debería avisarle a los pobres, que son el 54% de la población, lo bien que están las cosas». Frase aplicable a Uruguay, donde hay más de un millón de pobres y donde más del 50% de niños nacen pobres.
Tiempo atrás, el ministro de Economía argentino ha dicho que no alcanza con que la economía crezca, sino que hay que redistribuir mejor, porque la única manera de que haya menos pobres es que los ricos sean, por lo menos, un poco menos ricos.
Volvamos a N. Bobbio y las reglas primarias y fundamentales de la democracia, lo cual supone un gran debate público acerca de la economía, la ética y los D. Humanos. Aunque los acontecimientos de la región y del mundo hacen suponer precisamente que en el casino global, la ética brilla por su ausencia. Con lo cual me pregunto: ¿con quién debatir entonces? *
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