Reactivación no llegará al mercado laboral
El reciente Consejo de Ministros analizó la marcha del país y celebró que los indicadores económicos, según ellos, sean auspiciosos.
No obstante, el Presidente habría reconocido que los plazos que restan, para que su gobierno logre conquistar sus metas, son muy cortos, apenas hasta el mes de agosto, ya que luego la campaña electoral incidirá en las decisiones, más allá de su compromiso de evitar el ya clásico «carnaval electoral», al que nos tienen acostumbrados los gobiernos salientes. Sólo recordemos el «paquete» que nos legara el Dr. Julio María Sanguinetti en el 2000, con un déficit fiscal que condicionó al nuevo gobierno y a la República.
Continuarían con la austeridad fiscal, lo que significaría proseguir conteniendo el gasto, cuya disminución ha alcanzado al 33%; ejecutarían los planes previstos en cada cartera, por lo que estimo que las desmonopolizaciones, licitaciones, etc.. continuarán en auge; priorizarían las áreas de la inversión pública y el empleo, la primera, como sabemos prácticamente desapareció en los últimos años, como política de gobierno y sobre la segunda el desempleo actual es el resultado de la larga recesión de casi cinco años; reiteran el objetivo de crear 50 mil fuentes de trabajo en el transcurso del 2004 y la posibilidad de efectuar una disminución de impuestos, si bien carece de precisión ese anuncio.
Cuando se habla de empleo, algo tan sentido y sufrido por los uruguayos, se debería comenzar por reconocer que la casi inexistente inversión pública 6% del Presupuesto Nacional en el 2002 ha sido una de las causas de haber llegado a cifras cercanas al 20% de desempleo, batiendo todos los récord históricos.
En la actualidad estamos en el 16.1%, cuando en 1983 la tasa de desempleo era del 10% y en la década del 90 del 12%. Los uruguayos luego de haber pasado por gobiernos que devastaron la economía de los ciudadanos e indujeron a miles de ellos a caer por debajo de la línea de pobreza, no somos crédulos y exigimos hechos y realidades.
Recordemos que en el Presupuesto Quinquenal, votado por blancos y colorados, fue absolutamente insuficiente y que la distribución de los recursos no privilegiaban a las áreas esenciales como los son la salud, la alimentación, la educación en toda su extensión y la vivienda, lo que llevó a una precarización de recursos alarmantes. La gravedad de la crisis financiera y bancaria de 2002, por incompetencia y falta de controles de los hombres del gobierno y por haber privilegiado a la plaza financiera durante décadas, profundizó la crisis, perdiéndose miles de puestos de trabajo, como consecuencia del cierre de industrias, comercios y emprendimientos agropecuarios.
En esta promocionada sesión del Consejo de Ministros, no se abordó, como tema esencial y prioritario según mi opinión, la problemática social de los uruguayos sumergidos, a los cuales aún no les ha llegado el resultado de la supuesta mejora de los indicadores económicos. No es suficiente anunciar más recursos para emplear en los trabajos comunitarios, también y sobre todo tenían que, responsablemente, mirar hacia ese otro Uruguay «el de la marginación y la pobreza», para destinarles los recursos necesarios para que recuperen la dignidad.
Esta es una importantísima carencia y señala la falta de óptica humanista del Poder Ejecutivo.
Yo no me conformo a que los uruguayos cada vez vivamos peor, apuesto y apoyo a toda medida que signifique aliviar y mejorar la calidad de vida. Prueba de ello son las decenas de propuestas que con mi fuerza política hemos presentado, en todos los ámbitos, pero que no han sido tenidas en cuenta.
Aspiro y deseo que ese crecimiento que se habría logrado, se destine rápidamente a los «uruguayos de a pie» y que puedan sentir, palpar, visualizar con nitidez la mentada reactivación.
En los bolsillos de los trabajadores no se ha reflejado el moderado incremento de la economía, menos aún en aquellos sectores que no han logrado empleo o están inmersos en la pobreza.
La reactivación de que se habla está ligada al aumento de las exportaciones, al crecimiento de los sectores agrícola, cárnico y de la madera, pero aún sigue siendo menor en la industria, en el comercio y en los servicios, a pesar de la buena temporada de turismo que se avizora. Los primeros sectores mencionados generan muy poco empleo, por lo que la reactivación no llegará, en lo inmediato, al mercado laboral.
Por otra parte se anuncia que no habrá una mejora real, importante o efectiva, en los salarios y pasividades, sobre todo si tenemos en cuenta la pérdida salarial que se produjo del 20% en los últimos meses anteriores a diciembre de 2002.
Los anuncios de aumentos para los trabajadores públicos del 4%, augura una nueva pérdida del poder adquisitivo, considerando que el aumento del costo de vida previsto, vía inflación, será entre el 8 y el 10% para este año.
A pocos meses de culminar la gestión de este gobierno, exigimos que, más allá de cuidar las cuentas públicas, se destinen los recursos hacia los que más lo necesitan. *
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