Ante grandes desafíos, más democracia
El concepto con el que titulo esta nota no me pertenece. Ya lo han esgrimido varios compañeros, entre ellos el Presidente de nuestra fuerza política, candidato a la más alta investidura en el Uruguay, Dr. Tabaré Vázquez.
No es el objetivo que persigo analizar o desarrollar este concepto que, de por sí, entraña una irrefutable reafirmación de la democracia. La aspiración de la inquietud planteada es que, como Frenteamplistas, asumamos una vez más esta conducta.
Estoy convencido que el pueblo oriental ha emprendido un camino de cambios progresistas que creo no se detendrá. No obstante, todavía no hemos alcanzado el gobierno cosa que deberá ocurrir en octubre próximo- y deberemos esforzarnos responsablemente, como siempre hacemos, para lograr el objetivo.
Tendremos que ser audaces y prudentes a la vez; creativos, ingeniosos y creíbles para que las grandes mayorías acompañen y respalden la propuesta y la gestión. Pero, además, habrá que facilitar la participación popular, esa de la que tanto se habla y que a muchos representantes políticos de otras tiendas no les agrada puesto que ni siquiera la procuran con sus propios correligionarios, sean estos convencionales o integrantes de agrupaciones de base.
Es por todos sabido que nuestro Frente pero también el Encuentro y seguramente en adelante la Nueva Mayoría- practica la democracia interna y, por citar un solo ejemplo, los Congresos que se llevan a cabo, tanto ordinarios como extraordinarios (como el reciente) así lo demuestran.
Este saludable ejercicio democrático es muy necesario y, con los debidos respetos para el resto del sistema político, más que recomendable.
Hasta el momento, hemos debatido y resuelto en forma fraterna y democrática los grandes temas, fueran estos de índole programática, de coyuntura política o de candidaturas comunes, de acuerdo al Estatuto que nos rige, en lo nacional y también en lo departamental.
Muchas veces ha primado el consenso, en otros casos las mayorías han pautado las decisiones, pero siempre ha sido sin exclusión de asunto alguno.
Hoy quisiera detenerme en la metodología para determinar las candidaturas a las intendencias, haciendo mi planteo desde y hacia mi fuerza política en el departamento de Canelones.
Adelanto desde ya que, como siempre ha sido, estoy dispuesto a aceptar, apoyar y respaldar a las compañeras y compañeros que las instancias orgánicas acuerden. Siempre han merecido mi confianza y seguramente volverá a ser así; el problema no radica en ese aspecto.
Digo además que no solo respeto las diferentes opiniones ese es un deber político y moral que asumo- sino que procuro entenderlas, dado que en todas las posturas hay razones atendibles y hasta compartibles. Es entendible, por ejemplo, que haya compañeros que sostengan que no tenemos por qué cambiar, justo ahora que estamos muy cerca del triunfo, la metodología.
También encuentro razonable el planteo que propone decidir, después del resultado de octubre, las candidaturas a las intendencias.
Podrán, por supuesto, esgrimirse más razones y puntos de vista, todos respetables y merecedores de nuestra consideración. Seguiremos, como es costumbre, abiertos y dispuestos a su tratamiento.
Esto supondrá seguramente un debate franco y fraterno, como es habitual entre los frenteamplistas y se laudará finalmente por consensos, acuerdos amplios o mayorías calificadas.
Mi inquietud es, fundamentalmente aunque no exclusivamente, una cuestión metodológica; una alternativa más democrática que la que hemos utilizado hasta el momento. Enfatizo el más, puesto que la democracia representativa (el Plenario Departamental es una de sus expresiones) ha sido y seguirá siendo legítima, pero la posibilidad de apelar a la democracia directa en casos como éste, me parece muy conveniente y hasta me atrevería a sostener que imprescindible.
La idea, ya planteada en el seno de mi Alianza Progresista, que viene recogiendo adhesiones en forma creciente y continuada en nuestra estructura departamental canaria, es aprovechar la instancia del 27 de junio para dirimir, o pautar (dependerá del resultado) la o las candidaturas a la I. M. C..
Para ese domingo está prevista, en todo el país, la realización de las elecciones internas de todos los partidos con vistas a la elección nacional que tendrá lugar el 31 de octubre.
Allí se vota con dos papeletas (al menos fue así el 25 de abril de 1999): una contiene la fórmula presidencial y los candidatos a la Convención Nacional; la otra presenta los candidatos a la Convención Departamental.
Sería bueno que los aspirantes a candidatos a intendente encabezaran, por ejemplo, una o más listas departamentales y podría entonces trasladarse el criterio aplicable para definir las candidaturas a Presidente. Esto es: aquel que obtenga la mayoría o, superando el 40% de los votos y siempre que exista una diferencia equivalente al 10% respecto de su inmediato seguidor, resultará candidato único y si nadie lograra los mínimos requeridos, será la Convención Departamental la que resuelva en última instancia.
Aclaro y este también es un dato a tener en cuenta- que hay compañeros que sostienen que, aún cumpliéndose los requisitos para la candidatura única, igualmente verían como positiva la habilitación de otra u otras candidaturas, tal cual habilita la reforma constitucional votada el 8 de diciembre de 1996. Será entonces otro elemento a definir el utilizar o no todas las posibilidades que las reglas de juego ofrecen.
Creo que si alcanzamos el acuerdo político que nos permita incorporar la definición también en esta área, vendría bien para estimular la participación ciudadana y de los Encuentristas en general. No olvidemos que, tal como están planteadas las cosas y más allá de la posibilidad de una precandidatura alternativa dentro de nuestra fuerza política a nivel nacional, hoy no resulta muy atractivo participar en una interna que parece definida de antemano; además de recordar que ésta de junio será la única instancia donde el voto no será obligatorio.
Por otra parte, es necesario mencionar que existen antecedentes de acuerdos en otros departamentos que ya tuvieron características similares no iguales- a este planteo.
Así que lo que estoy proponiendo no puede resultar ni descabellado ni, mucho menos, desconocido o imprevisto como para no ser considerado en los organismos correspondientes.
Yo quiero que la Nueva Mayoría triunfe ya en junio y, por supuesto, en octubre; también, claro está, en mayo de 2005.
Se trata de ser lo más participativos y democráticos posible, pero que también pueda garantizar al futuro gobierno departamental la más ancha base de apoyos puesto que ampliaría las posibilidades de que las grandes mayorías para las que pretendemos gobernar sean eso mismo desde el «pique»: cada vez más, grandes mayorías.
Si de la voluntad popular y la eventual composición de la futura Convención resultara la multiplicidad de candidaturas, pues bienvenida sea.
No adelanto juicios a priori pero confieso que no guardo prejuicios respecto al tema de candidaturas únicas o múltiples; por supuesto que lo ideal o lógico nos indica que a un programa único corresponde candidatura también única, pero adelanto que si más de una candidatura puede ayudar al objetivo (y hoy presumo que sí) pues discutámoslo y, como es previsible que no existan unanimidades o siquiera consensos, que se dirima por mayorías.
Pero insisto en lo que considero lo medular: aceptaré como siempre- las reglas de juego que nos autoimpongamos porque si de demócratas nos preciamos, lo primero es acordar las reglas y res
petar la voluntad mayoritaria.
La mía no es otra cosa que una opinión más; tan válida como las que puedan emitir los demás compañeros.
El Uruguay es una creación colectiva que demandó (y demandará) muchos años. Lo forjaron, lenta y esforzadamente muchas manos, pero lamentablemente unas pocas cabezas mezquinas lo destruyeron rápidamente. La reconstrucción o refundación es tarea para grandes mayorías y sin más exclusiones que para con los especuladores, los criminales, los torturadores, los mercaderes de niños, los delincuentes y los corruptos de cualquier clase y especie. Si la receta para los grandes desafíos es más democracia, supongo que nada debe costar el aplicar, desde ya, la fórmula a todos los emprendimientos o decisiones posibles y ésta de junio parece ser una muy buena oportunidad. Porque «la caridad bien entendida empieza por casa» es que la presentamos para nuestra fuerza política y nuestro departamento. Podría ser para todos los departamentos y partidos, pero ese es otro tema; requeriría en ese caso una ley que necesitaría de dos tercios de votos y yo, hoy, por aquí me quedo. *
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