Una vez más el profesional derrotó al curandero
Cuando en Brasil se anunciaba, balotaje mediante, la previsible reelección del doctor Enrique Cardoso, el primer uruguayo en formular declaraciones a los medios de comunicación fue el doctor Julio María Sanguinetti, cumpliendo por entonces su segundo mandato. Consideramos normal y justificada la decisión de la prensa. La investidura cuenta y el presidente representa a todos los orientales, incluidas las decenas de miles que abandonaron el país buscando trabajo en otras latitudes. Hasta aquí, una entrevista incuestionable. Lo anormal e injustificable fue la respuesta del inquilino del Edificio Libertad.
Con su habitual suficiencia, apoyada en su indiscutida ilustración y el fervor de sus allegados, pero extrañamente esta vez sin invocar a Platón ni a Ortega y Gasset, sentenció: una vez más que el profesional derrotó al curandero. Más claro y peyorativo imposible. No hay dos lecturas en esa reflexión. Dijimos en una oportunidad y lo reitiramos ahora: Sanguinetti no puede disimular su desprecio por la formación intelectual de Lula. Es alérgico a los mamelucos, las manos callosas y no concibe liderazgo alguno sin título universitario.
Pero hete aquí que el obrero metalúrgico está haciendo «milagros» en el país más vasto y poblado de nuestra América. Aplicando una terapia para un diagnóstico que atribuye un elevado porcentaje de las enfermedades a la desnutrición y calidad de vida y ya está recogiendo alentadores resultados en su afanoso empeño de que los brasileños «puedan comer tres veces al día». El Brasil del curandero ha despegado, movilizando sus cuantiosos recursos al servicio de la nación y priorizando las necesidades y reclamos de los postergados. Por primera vez en muchos años la balanza comercial arroja un significativo superávit. Es muy importante el incremento de las exportaciones de carne y cereales siempre que los beneficios que reporta sirvan también para que su venta en el mercado interno sea a valores adecuados al poder adquisitivo de la gente.
Pero volvamos al Uruguay, al personaje que motiva esta nota. En su dilatada militancia política, con más sombras que luces, el líder forista ha llegado a un callejón sin salida, al extremo de que aún no sabe si será candidato en las próximas elecciones. Para él, en las dificultades que afronta el país y la región, nada tiene que ver el modelo económico del que es indeclinable vocero. Las responsabilidades caen sobre el espíritu iracundo de los paraguayos, el populismo aventurero de los chavistas venezolanos y los puños crispados con las estridencias de las cacerolas vacías de los uruguayos. Para estos desatinos cuenta con el cálido respaldo del núcleo de fieles seguidores que no se cansan de afirmar que el Uruguay le queda chico. Lamentablemente para esas pretensiones, tanto en la OEA, la Unesco y la ONU, los cargos más encumbrados están cubiertos, pero quedan abiertas las universidades y centros académicos de algo nivel en la madre patria y de varios países en los que fue distinguido y galardonado. Surgiría también la posibilidad de que el beligerante y exitoso presidente de Peñarol decida alejarse. Quedaría un sillón apetecido por la mitad más uno de los uruguayos y al que se puede acceder sin plebiscito.
Finalmente, si hablamos de curanderos y milagros, no olvidemos que los guaraníes con sus hierbas, disputaron un lugar de privilegio a los griegos con su ciencia en el campo de la medicina. *
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