Como saetas al viento veloz
«Â¡Alzan las cintas, parten los tungos!», cantaba el gran Carlitos. Hoy se puede decir lo mismo, pero en materia política.
A escasos seis meses de las internas, la verdadera emoción competitiva se presenta entre los blancos. No lo digo por razones afectivas, sino por realismo práctico.
En el Frente y los colorados aparentemente estaría «todo el pescado vendido». Pero el clásico nacionalista es distinto. El «tordillo» sanducero, desde el fondo del «pelotón», y son unos cuantos competidores, viene atropellando, y sin «castigar» siquiera, está pasando al frente.
Siempre en términos turfísticos, el Cuqui, que en la «cátedra» aparecía como el favorito, con los años («peso por edad») y la multiplicidad de carreras, incluyendo algunas «rodadas», tiene demasiado «plomo». O sea, los «turfmen» y demás «burreros» están hartos de «siempre lo mismo». ¡No hay «apronte» o «penca» en que no se hubiese anotado! Incluyendo cuando corrió en «yunta» hasta hace muy poco, con los muy colorados Julio María y don Jorge y se auto-«bombeó». Llámense coaliciones, repartos, plebiscito y demás. O sea, en su «stud» no hay sorpresas o variantes. En cambio, del otro lado, el «potrillo patas blancas hijo de Necesidad», siempre invocando al «Mago», proveniente del San Félix de la Heroica, viene «tendido cómodo» y a diario nos sorprende con aprontes y carreras que hasta algún «mal pensado» sospecha que pueda tener alguna «voladora». El resto de los «anotados» es obvio que son «penqueros». ¡No son «fondistas»! Largaron, y antes de la milla, quedaron lejos de «lengua afuera». Parecería que terminan «juntando gorras». O sea, la contienda a esta altura es una «pulseada» entre el Cuqui y el Gaucho. Ante esta alternativa por cierto clara, algunos «doctores vivos», de hecho declarados «forfeit» (fuera de carrera), por ahí andan inventando alguna candidatura alternativa. Por si Larrañaga no alcanzara la mayoría absoluta de votos o el 40% con más un 10% de diferencia con el Cuqui en la interna y «empujar» en la Convención semejante «mamarracho». Son viejos nostálgicos capitostes que sospecho deben provenir de «progresistas» cavernas cagancheras, combinadas con aristocráticos bufetes que desesperan ante la alternativa real de perder sus canonjías, influencias y prebendas usufructuadas por décadas. Sus medulares y sabios consejos pueden en futuro cercano caer en saco roto.
Son los mismos que intercambiaban opiniones y carguetes con Julio María y don Jorge invocando a voz en cuello el grito de ¡por fin juntos! ¡Y así nos fue! En una carrera de tres, entramos últimos. ¡Ni «roncadores» que hubiesen sido! Pero lo cierto es que no han aprendido la lección. No les entra en la cabeza que Larrañaga gana, por ser distinto. Lo hemos dicho: en todos los partidos la renovación es necesaria. En Europa, cuando un candidato pierde no necesita que lo echen. Se va solo. Fue el caso de Felipe González. Pero acá, no sólo son siempre los mismos sino incluso su entorno es el mismo.
Si revisamos las historias partidarias, nos sorprenderá constatar que desde la época de la Patria Vieja hasta hoy, los apellidos se repiten: mayoría de parientes. Como en los antiguos regímenes monárquicos, basados en algún ancestro heroico que se hizo del trono hace mil años, lo conservan o pretenden los descendientes con el cuento de «reinar pero sin gobernar», viviendo por siempre a costa de los Estados.
Nuestros partidos se han ido transformando en propiedades de algunas familias, que se repiten también en el tiempo con iguales filosofías.
Llegó la hora de cambios. Los gobernantes deben interpretar el sentir popular y sus necesidades, dando por «traste» los intereses espurios «académicos» entronizados en sus estructuras.
En todo el continente se marca esa alternativa. Hemos quedado prácticamente solos en esos usos «agarrados vergonzosamente» a los yankis que los protegen para su beneficio.
La reunión de Monterrey lo demuestra. Mientras Chávez, Lula, Kirchner, Lagos, etc., luchan por principios y mejoras estructurales programáticos, unitarios y solidarios entre los hermanos don Jorge y su batllismo tienen como único eslabón «prenderse» a los yanquis.
Allí no hay esperanzas de cambios. Los blancos lo están aprendiendo. Si en las internas no ganara Larrañaga, en noviembre nos «mancamos» sin siquiera competir en el balotaje. *
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