El ombligo del gobierno

Es sorprendente cómo algunos funcionarios del gobierno se miran el ombligo y, con un tono soberbio  que es lo único que les queda  afirman que la economía está creciendo, y que los uruguayos estamos saliendo del pozo de la crisis y que durante el 2004 el país crecerá a un ritmo que podría estar en el entorno del 6 por ciento.

Es sorprendente que sigan repitiendo, luego del fracaso del modelo impulsado por los organismos internacionales de crédito, que fue en cada ocasión adecuado por el equipo económico con «vanas promesas» en todo acuerdo firmado con el FMI, Banco Mundial y BID. Son las mismas cosas que, como el gobierno ya nos tiene acostumbrado, se convierten  si no fueran trágicas  en risibles.

Ayer, nuevamente, hicieron el ridículo tratando de convertir en permanente una situación absolutamente coyuntural, como la exportación de carne, que denominan «un éxito de la política agropecuaria», sin decir que el consumo de los uruguayos de ese producto esencial cayó en más de un 30 por ciento. ¿Esa es la demostración del éxito del modelo?

A ello se debe sumar la continua negativa del Poder Ejecutivo a autorizar la importación del producto para surtir al mercado interno.

La cuestión está en la ecuación que maneja la industria frigorífica, de la cual el ministro del ramo es un buen defensor, que gana con el aumento del volumen exportado y, además estabiliza, con el incremento de los precios internos, el «negocio» dentro del país compensando el derrumbe de las ventas.

Los eufóricos representantes del gobierno que leyeron esas dos carillas (5.258 caracteres sin ningún punto y aparte que casi ahogaron al secretario de la Presidencia, Raúl Lago, que las leyó), salieron de la conferencia de prensa ofuscados y con la cabeza gacha, porque pese al intento de «hacer buena letra», no pudieron sortear con ninguna respuesta medianamente válida algunos cuestionamientos realizados por los periodistas.

Por ejemplo, les hubiera costado responder, luego de batir palmas por el incremento en la afiliación al BPS, cómo es posible que siga manteniéndose el fenómeno dramático de la informalidad, del trabajo «en negro», vicio que no ha comenzado a superarse porque hasta el gobierno  bien lo sabemos todos  mantiene hasta en sus propias dependencias esa manera de contratación, porque el camino del modelo también se expresa en la «desregulación».

Lo extraño es que no sumaron a ese éxito del modelo el fenómeno  todavía incuatificado  de la temporada turística, vinculado exclusivamente a la caída de algunos precios relativos, lo que ha convertido en más atractivo el llegar hasta nuestras costas. *

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