Elecciones en los Estados Unidos

La proximidad de la elección presidencial en los Estados Unidos se anuncia con la música de trompetas de las grandes superproducciones: anuncio de la conquista del Espacio por parte de Bush que busca la reelección, denuncias de sus adversarios demócratas muchos de los cuales han guardado silencio y finalmente publicación de obras con revelaciones importantes por parte de hombres que han pertenecido a la plana mayor del elenco en el gobierno.

Los anuncios del gobierno de nuevos y espectaculares pasos en el avance hacia Marte, que presupondría la instalación de una base de lanzamiento permanente en la Luna, han sido recibidos con escepticismo por buena parte de los comentaristas. Por un lado, se señala el pesado déficit que deja esta administración, el mayor para el Estado norteamericano en muchos decenios, y el ingente gasto que supondría la aceleración de la carrera espacial.

Una carrera que, como se ha hecho notar, a diferencia de lo que ocurría en los sesenta y setenta, mientras existía y competía la Unión Soviética, hoy no supone ganarle a nadie. Salvo alguna parcela indecisa del electorado que será convocado en noviembre para dirimir quién mandará en el mundo en los próximos cinco años.

Como se dicho en estos días, «lo malo es que una epopeya que debería interesar a toda la humanidad, en tanto significa verdaderamente extender las fronteras del conocimiento y conceptuales, esté en semejantes manos y que cumpla semejantes fines. Ya es bastante desagradable tenerlo a Bush en la Tierra, mucho peor va a ser cuando su poder se extienda por el espacio interplanetario».

Al mismo tiempo, como ocurre con cierta frecuencia en esas regiones, en medio de la intensificación de la presión estatal por imponer la versión oficial de los hechos y la circunstancia en que se adoptaron las decisiones, un ex integrante del equipo de Bush, ha roto con sus colegas y facilitado la publicación de un libro donde se hacen una cantidad de revelaciones sorprendentes. El autor acude para eso al apoyo de un enorme caudal de documentos oficiales, aparentemente, no-clasificados, aportados por O’Neill, con los cuales se brinda una versión despiadada de cómo se proyectó, antes de setiembre de 2001, el ataque a Irak y el derrocamiento de Saddam Hussein.

En «El precio de la lealtad», el periodista y escritor Ron Suskind describe las experiencias del ex secretario del Tesoro, Paul O’Neill, como un miembro del gabinete de Bush hasta que fue despedido en diciembre de 2002, y fue inmediatamente un best seller en cuanto llegó la semana pasada a las librerías. Constituye, de lejos, el relato más vergonzoso de la administración Bush hasta ahora (…)

El general retirado Wesley Clark, uno de los aspirantes a la presidencia por el opositor Partido Demócrata, por ejemplo, dijo que lo señalado por O’Neill «confirma mis peores sospechas acerca de este gobierno». Y otro precandidato demócrata, Dennis Kucinich, indicó: «Ahora descubrimos, por intermedio de O’Neill, que el presidente proyectaba atacar Irak antes del 11 de setiembre, y que el pueblo estadounidense fue engañado». El secretario de Defensa de Bush, Donald Rumsfeld, salió ayer en defensa del jefe de Estado y dijo que O’Neill actuaba «por rencor».

Como se puede apreciar, a través de estos episodios, otras versiones de los hechos se conocen. Lástima que sea demasiado tarde y que ninguna autoridad haya actuado para evitar la agresión a que fue sometida la población de aquel país.

También es de lamentar que estando en juego tanta autoridad y decisiones que afectan a toda la humanidad, sólo los ciudadanos de la Unión estén habilitados para intervenir en la elección del nuevo presidente. Una de las tantas paradojas de la globalización. *

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