Las cifras que desnudan al modelo agonizante

Aunque la dirigencia política que respaldó la candidatura presidencial del doctor Jorge Batlle trata de soslayar las comunes responsabilidades que se derivan del gobierno de coalición, la historia es muy reciente para que sea atrapada por el olvido. Y como los resultados hablan con la verosimilitud y contundencia imposibles de controvertir, pasamos a inventariar algunas cifras que acreditan el fracaso de una escuela económica, que sólo ha sembrado pobreza, desocupación, privilegios y desigualdades.

Obsérvese que ante la ausencia de horizontes laborales, el fenómeno de la emigración ha alcanzado niveles alarmantes, al extremo de que se estima que el país perdió en los últimos años el 12 por ciento de su población. Y con el agregado de que lo abandonan no menos de 140 jóvenes por día, cuyas edades oscilan entre 20 y 29 años.

Si nos trasladamos a la industria de la construcción –una de las áreas que genera mayor número de empleos– la política desarrollada por el neoliberalismo, ha traído como consecuencia que desde 1998 se hayan perdido 35 mil puestos de trabajo, según informe de las asociaciones empresariales y el gremio respectivo. Y del citado documento fluye que la falta de inversiones por parte del Estado, los sucesivos ajustes fiscales, la alta tributación y el informalismo han provocado la expulsión de 60.000 asalariados y de 3.500 profesionales.

Si visitamos el área rural, comprobamos que por seguir omisos en la transformación de nuestras conservadoras estructuras agrarias, gana espacios el latifundio improductivo y crece el acaparamiento de tierras por parte de extranjeros, bajo la sombra impersonal de sociedades anónimas, donde la figura de Wilson Ferreira ha sido el gran traicionado. Y pese a que Uruguay dispone de 5 hectáreas fértiles para cada habitante, el hambre y la desnutrición cumplen una tarea destructiva en la población infantil, ya que ambos factores conforman el campo propicio para el retardo en el crecimiento, en la capacidad de aprendizaje y en la multiplicación de enfermedades infecciosas.

Si mantenemos la mirada en la campaña –esa de la que muy pocos políticos hablan– tenemos que concluir que no obstante ser nuestra principal riqueza, sólo quedan en actividad 50 mil empresarios, y que de las 318.000 personas que tenía en 1970, en el año 2000 disminuye a 180.000, causado por un opresivo contexto feudalista. Recordemos que salvo la forestación –liderada por empresas transnacionales– ningún sector de la producción ha sido incentivado para que la gente se radique en el campo. Por el contrario, el desmantelamiento de AFE ha hecho desaparecer cientos de pequeñas poblaciones que estaban diseminadas en la República, con la clausura de escuelas, donde los maestros que ejercen en las pocas que quedan, denuncian que son discriminados, ya que carecen hasta de tizas para dictar las clases.

Desde otro ángulo de la vida nacional, el drama del desempleo o la ocupación precaria e incierta golpea las puertas de 800.000 compatriotas, generando que la depresión afecte a 330.000 personas, con toda su secuela de desarraigo y disolución de la familia. Y si ingresamos al marco del endeudamiento interno, es increíble que 540.000 uruguayos inducidos a contraer deudas en dólares, se vean hoy perjudicados por una devaluación decretada por los mismos que aseguraban la estabilidad de la moneda.

Si cambiamos de vereda y nos detenemos en la deuda externa, vemos que ella se lleva el 84 por ciento de lo que el país produce en 12 meses –que su monto total equivale a seis años de exportaciones–, que cada habitante debe individualmente U$S 3.750, y que por concepto de intereses abonamos anualmente 500 millones de la divisa americana. Y para finalizar –ante la catarata de juicios promovidos por el Banco de la República contra pequeños y medianos deudores– es de preguntarse si algunos de los 40 grandes pasivos, que totalizaban 180 millones de dólares, han sido llevados al juzgado. *

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