Fraudes gigantescos: así funciona el sistema

Parmalat ahora, Enron, WorldCom y muchas otras antes. ¿Cuál es el origen de los fraudes gigantescos que llevan a la quiebra a algunos de los gigantes de la economía mundial, arrojan a las calles a decenas de miles de empleados y arruinan a multitudes de accionistas grandes y pequeños y tenedores de fondos de pensión? ¿Son acaso errores, imprevisiones, maniobras dolosas de tal o cual ávido financista ubicado en un punto estratégico? Algo de eso hay, pero en lo esencial se trata del modo de funcionamiento del sistema. Estos casos, que capturan los espacios mediáticos (para después caer paulatinamente en un olvido deliberado) no son los únicos, ni lo serán. Otros seguirán.

En El Capital, que en estos tiempos de neoliberalismo globalizado mantiene en su esencia una actualidad pasmosa, Marx escribe: «El capital viene al mundo chorreando sangre y lodo por todos los poros, desde los pies a la cabeza». Allí mismo cita al publicista inglés PJ Dunning, que en polémica con la revista Quarterly Review afirma: «El capital tiene horror a la ausencia de ganancias o a la ganancia demasiado pequeña. Conforme aumenta la ganancia, el capital se envalentona. Un 10% seguro y se le podrá emplear donde quiera; 20%, y se pondrá impulsivo; 50%, y llegará positivamente a la temeridad; por 100% pisoteará todas las leyes humanas, 300% y no hay crimen a que no se arriesgue aunque arrostre el patíbulo. Cuando la turbulencia y la refriega producen ganancias, el capital alentará una y la otra. Prueba: el contrabando y la trata de esclavos». Hoy pueden agregarse los desfalcos financieros que dejan el tendal y a menudo logran escapar a la justicia o minimizar sus efectos.

Enron, el gigante energético, se precipitó en bancarrota en diciembre de 2001 en «la mayor quiebra financiera de EEUU». La técnica empleada fueron los fraudes de la contabilidad, realizados con la complicidad de una de las mayores auditoras de EEUU, Arthur Andersen, acusada ante la justicia por haber procedido a la destrucción masiva de la documentación para borrar las huellas.

Esto ocurrió hace dos años. Se aseguró que los responsables irían a la cárcel. El asunto se fue diluyendo. Ahora por una información perdida nos enteramos que uno de los principales involucrados llegó a un acuerdo extrajudicial, confesó la autoría de los desfalcos y pasará 5 meses en lugar de 12 años en la cárcel. El secretario del ejército, Thomas White, pertenece a Enron. Time escribía, en medio de estos escándalos, que «la Casa Blanca de Bush es literalmente una superempresa, dirigida por ejecutivos corporativos: Dick Cheney en el gigante petrolero Halliburton, el secretario del Tesoro, Paul O’Neill, en Alcoa (aluminio), el secretario del ejército, Thomas White, en Enron».

La escandalosa estafa de WorldCom, segunda compañía de telecomunicaciones de EEUU, con filiales en 60 países, siguió un semestre después. Los métodos fueron los mismos, las consecuencias similares, al igual que la complicidad de la auditora. En primera instancia se despidió al 28% de los empleados, las acciones cayeron de 62 dólares a 83 centavos y los bonos en fondos de pensiones a 11 centavos. Casi simultáneamente apareció una situación análoga en Xerox y en Global Crossing, Qwest, Adelphin, Dynegy, Tyco, ImClone, entre otras. El Nobel Joseph Stiglitz escribió que estos escándalos financieros destruían los fundamentos ideológicos de la desregulación, inscritos en el Consenso de Washington.

Ahora se destapa el fraude de la empresa italiana Parmalat, el mayor de la historia europea, un agujero negro de unos 10 mil millones de euros (superior al de Enron). Los métodos son idénticos: falsificación de la contabilidad, manipulación de informaciones, uso de testaferros. En este caso, Standard & Poor’s desempeña el papel de la consultora Andersen. La quiebra arrastra a decenas de filiales en América Latina, EEUU y Europa. Los principales de la empresa, Calisto Tanzi y familiares, están entre rejas, desde que en diciembre admitieron haber ocultado un descubierto multimillonario. También renunciaron a la presidencia del club de fútbol Parma, de su propiedad desde 1990. Se indaga la transferencia de capitales desde la subsidiaria de la empresa en el paraíso fiscal de las islas Caimán hacia EEUU, Luxemburgo y Malta. Además, están mezclados grandes bancos como la Intesa (número 1 de Italia) y la sucursal italiana del Deutsche Bank, que aconsejaron a millares de ahorristas comprar bonos de Parmalat a sabiendas de que estaba en el pozo, y el propio Bank of América.

Volvamos a EEUU. En su hora se denunció que la petrolera Halliburton, de la cual Cheney fue capo máximo entre 1995 y 2000 (y que le pasa un millón de dólares anuales), había cobrado abultados sobreprecios por el suministro de petróleo a las tropas yankis en Irak. Hasta vimos en la pantalla a Bush proclamando que si había cobrado de más, tendría que devolver el sobrante. Pero no hay cuidado. A los pocos días, en otra pequeña información al pasar, se dijo que Halliburton había cobrado lo justo y no tenía nada que devolver.

En el caso de Parmalat, Berlusconi anunció que haría lo posible por salvarla. Pero es dudoso. Porque él mismo está acusado ante la justicia por hechos de corrupción en gran escala por parte del monopolio mediático del que es propietario. Por estos casos compareció ante la justicia varias veces, pero se salvó de la condena porque hizo votar una ley que le otorgaba inmunidad. La Corte Constitucional acaba de declarar inconstitucional dicha ley. Por lo cual es probable que veamos a Berlusconi en el banquillo de los acusados, al lado de los delincuentes de alto copete de Parmalat, la cáfila de los Tanzi y tutti quanti. *

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