Personas no gratas
La presencia en Argentina y Uruguay del ex asesor de Ronald Reagan, Oliver North y de John Battaglia, un uruguayo-estadounidense vinculado a la CIA, así como su proclamada decisión de instalarse en el Río de la Plata para trabajar en cuestiones de seguridad pública, si no fuera que está rodeada de un amplio paquete de declaraciones sensacionalistas, sería motivo de seria preocupación.
La trayectoria de North ha hecho de este individuo uno de los símbolos estadounidenses de la lucha contra el comunismo, un cruzado internacional en defensa de los intereses políticos y económicos de la gran potencia.
Esos antecedentes se remiten sobre todo al período que siguió al triunfo de la revolución sandinista en Nicaragua y de los esfuerzos llevados adelante por el gobierno republicano de la época para derrotar ese proyecto de cambios sociales democrático y pluralista que encarnaba el Frente Sandinista y su gobierno.
La llamada «Operación Irán-Contras», perpetrada por North, condensó buena parte de los recursos ilegales y subversivos que desde el Estado de una gran potencia se pueden sustanciar para hacerle la vida imposible al gobierno de una nación pequeña, arrasada por una larga dictadura y una sangrienta guerra civil.
En ausencia de cualquier imputación razonable contra el gobierno legítimo de Nicaragua, desde las oficinas del gobierno de los EEUU se urdió una compleja operación que entre otras cosas pasó por la venta ilegal de misiles a Irán. Con los recursos obtenidos, se financió la guerra de baja intensidad que durante años asoló y ensangrentó a Nicaragua.
Vinculado estrechamente al ala derecha más intransigente del Partido Republicano y a Elliot Abrams, el prontuario de North se nutre con numerosos episodios de intervención en la vida de los procesos políticos latinoamericanos, siempre en una línea de actuación estilo James Bond.
El más digno de mención apunta a su relación justamente con Elliot Abrams, uno de los operadores norteamericanos que participó en el frustrado golpe de Estado contra Hugo Chávez en Venezuela.
La presencia de North y Battaglia en Buenos Aires ha sido denunciada por LA REPUBLICA y el matutino porteño Página/12, que en sus dos últimas ediciones publicó largas entrevistas sobre los encuentros desarrollados con personas ligadas a la seguridad privada en nuestro país.
El tono general de las respuestas está en consonancia con los antecedentes de los entrevistados. Aparecen claramente expuestas las «argumentaciones» sobre las que cabalgaron hacia el poder los golpistas uruguayos y argentinos de la década del setenta.
La actitud desorbitada y jactanciosa lleva a estos individuos a asumir una actitud insolente y provocativa con relación al gobierno argentino.
También aquejados de incontinencia verbal, defienden a los acusados de delitos graves contra la libertad, la dignidad y la vida de muchas personas, ciudadanos uruguayos opositores al régimen militar instaurado en junio de 1973.
Entre muchos dislates, defienden la legitimidad del Plan Cóndor comparándolo con el Mercosur, pero entonces «para defender a estos países de la agresión marxista».
Con una mentalidad propia del terrorismo de Estado que defienden se presentan como una suerte de barra de matones tecnificada, con métodos sofisticados y dignos de Hollywood.
Admiradores de Gavazzo, defensores de Pinochet, los amigos uruguayos de Oliver North se declaran, también, trabajando para el Estado uruguayo. «Cobro de morosos», dicen realizar.
No es fácil determinar cuánto es serio y cuánto es «bluff» de toda esta puesta en escena, a la que North, activo comentarista en la TV FOX, también es afecto.
De todos modos, el norteamericano es un personaje turbio, un operador de la «acción directa» del Imperio, de los que, algún día, tendría que rendir cuentas ante el Tribunal Penal Internacional por su reiterada participación en delitos contra la democracia y la integridad física de los pueblos. *
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