Voces nuevas resuenan en Monterrey
Finalizada la conferencia que reunió a los jefes de Estado de los 34 países que integran la Organización de Estados Americanos, toda la prensa del continente se hace eco de las nuevas y los nuevos contenidos que resonaron en la próspera ciudad del norte mexicano.
Entre las voces que concitaron la atención de autoridades y periodistas, como era de esperar, no está la del Presidente uruguayo. Se prefiere oír las voces más que los ecos y ahí marcha nuestra desdibujada presencia en el terreno internacional. Más que desdibujada, la rutinaria presencia del gobierno uruguayo como miembro de la comitiva del presidente de los Estados Unidos resulta penosa.
Nuestro Presidente en función de atrabiliarios razonamientos políticos se abstiene de hablar como un representante de su pueblo, de los ciudadanos de un país expuesto, como lo ha estado Uruguay, a las mismas condicionantes severas, leoninas, que Argentina, Brasil y Venezuela.
En lugar de sumar su voz a la auténtica protesta latinoamericana, el gobierno hace número en el cortejo de los países mansos y disciplinados frente a las palabras de mando de Washington.
En México, fue su rival en el espacio regional, el argentino Néstor Kirchner, quien acaparó la atención por su incursión franca y directa en los temas que afligen a los pueblos de nuestro subcontinente.
Refiriéndose a los problemas de la exclusión social y la estabilidad democrática, sostuvo el presidente argentino: «El pasado reciente y la actualidad prueban día a día, a un altísimo costo, la fragilidad de los modelos que (…) basados en el ajuste permanente y en la concentración del ingreso en unos pocos, generan la exclusión social de millones de hombres y mujeres de nuestro continente. Si la desigualdad gana la batalla, no existe desarrollo sustentable. Sin desarrollo sustentable, las crisis institucionales y las caídas de gobiernos democráticos seguirán siendo moneda corriente en nuestro continente.»
Un tema que mucho se ha debatido en nuestros países, el de la deuda, fue incluido en el discurso final pronunciado por el mandatario argentino, quien reiteró su pensamiento medular en este tópico: «Debemos mucho y exportamos poco. Debe admitirse que nadie podrá honrar sus deudas si no puede crecer y vender sus productos.»
También resulta claro el pensamiento de Néstor Kirchner con relación a los organismos internacionales de crédito: «Con el FMI hemos acordado condiciones que estamos cumpliendo con esfuerzos límite; sin embargo, surgen en forma permanente nuevas exigencias que parecen no querer ver la situación límite de nuestro país (…) No podemos pagar de un modo que lesione las perspectivas de crecimiento y la gobernabilidad generando más pobreza y exclusión. Esto ya se hizo y el resultado fue poner al país al borde de la ruptura institucional y la desintegración social».
La raigambre nacional de este pensamiento, su condición representativa de un universo social que trasciende largamente al de Argentina, convierten estas expresiones en una referencia indudable de la actual resistencia, civil, pacífica, civilizada, diplomática, de nuestras sociedades de América la pobre frente al empuje avasallador del gobierno y los empresarios norteamericanos.
En su alegato, Kirchner reclamó el apoyo de los Estados Unidos para la reconstrucción de nuestra región devastada, un Plan Marshall dijo, como el que impulsó EEUU después de la Segunda Guerra para la reconstrucción de Europa.
Vale la pena recordar que al término de la Segunda Guerra Mundial el monto de las reparaciones que debía pagar Alemania a los aliados ascendía a cinco por ciento de su PBI. El adeudo fue cancelado por los países acreedores, ya que lo consideraron excesivo al ocasionar la descapitalización de la economía alemana. ¡El 5% del PIB! Y después una quita por el 100% de lo que restaba.
No deja de ser una reflexión interesante y oportuna la que surge de estas palabras del presidente argentino. *
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