Monterrey, ¿otra vez el tiburón y las sardinas?
«(…) una garganta que espera el apretón de nuestras manos. Todo tan pequeño tan frágil, tan sardina … Y nosotros, los áureos, tan poderosos, Tan audaces, tan tiburones.»
Juan José Arévalo
Empieza hoy en Monterrey la Cumbre de las Américas que reunirá a los presidentes y primeros ministros de los 34 países integrantes de la Organización de los Estados Americanos.
Hace ya casi medio siglo que el doctor Juan José Arévalo, el primer presidente democrático de Guatemala y considerado por muchos como el mejor de su historia, escribió un libro que devendría un clásico de la literatura política latinoamericana, «La fábula del tiburón y las sardinas».
La magistral obra pasa revista a las infinitas muestras de sujeción, atropellos y agresiones cometidos por los Estados Unidos contra los pueblos que desarrollan su existencia al sur del Río Bravo.
En su fundado y elocuente ensayo, Arévalo consiguió desnudar los mecanismos diplomáticos, políticos, económicos y miliares sobre los que se sustentaba la dominación imperialista norteamericana sobre los pueblos de nuestra América la pobre. Cincuenta años después los mecanismos siguen funcionando. O al menos esa es la voluntad manifiesta de la administración de turno en la Casa Blanca.
Muchas cosas han cambiado, no obstante, desde los tiempos de las tenebrosas humillaciones que describe el gran guatemalteco. Un enérgico despertar de la conciencia nacional sacude la modorra en varias de las más grandes naciones del hemisferio: Brasil con un presidente obrero y progresista, Venezuela con el proyecto bolivariano liderado por Hugo Chávez y Argentina, que sobrevivió a las corruptas tinieblas del menemismo que se alza también, junto a Brasil, instalando en la discusión de las cumbres el abordaje de las verdaderas necesidades de nuestros pueblos.
La cumbre de Monterrey no será un encuentro más entre el tiburón hambriento y las indefensas sardinas.
Kirchner y Lula, liderando el sentir de los pueblos de la región, reclaman que se aborden los temas del desarrollo económico y la lucha contra la pobreza. Estados Unidos, como lo acaba de anunciar pretende que se dé prioridad a la llamada «lucha contra el terrorismo», la integración económica a través del ALCA y la posibilidad de aplicar una cláusula de exclusión de la OEA en los países cuyos gobiernos alienten la corrupción.
Estos tres asuntos, unidos a los reproches hechos públicos por el funcionario estadounidense Noriega a propósito de la política de argentina en relación con Cuba, muestran hasta qué punto son disímiles las agendas que pretenden unos y otros.
Sería deseable que las autoridades de nuestro país, actuando con verdadero sentido de patria, no aceptaran las infamantes presiones de la diplomacia norteamericana y se alinearan con las naciones que bregan por los auténticos intereses de los pueblos latinoamericanos. *
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