Orientales antes que nada

El Mercosur como todo organismo integracionista tiene sus virtudes y consecuencias. Es un innegable mecanismo legal, económico y hasta de seguridad del continente, de protección ante los imperios. Ya fuese del yanqui como de los europeos. El continente ha servido y sirve aún para alimentar e incrementar las economías y poderíos de esas voraces hienas que nos esquilman desde hace siglos. La compaginación coherente de políticas comunes que nos presenten y enfrenten como block en defensas de intereses culturales y desarrollo comunes a los grandes monstruos imperiales, obviamente es útil y necesario. La misma Unión Europea sirve de buen ejemplo de esta realidad. Si ellos, con otro desarrollo y poderío incluso individualmente tomado, lo han adoptado como políticas necesarias, con más razón nosotros que somos países en desarrollo. Esa es una realidad. Pero también es cierto y siempre tomando al viejo continente como ejemplo, políticamente hablando, nadie perdió su identidad.

O sea, en puridad Francia sigue siendo francesa, Alemania igual, Holanda y España lo mismo. Si bien es cierto tienen como dijimos su poderío individual que ayuda por cierto a su identificación, no son una sola nación absorbida por intereses globalizantes ocasionales de moda.

No obstante su moneda única enfrentada al dólar y demás etcéteras, siguen teniendo sus identidades nacionales y resolviendo según sus respectivas soberanías en todo los casos que así ameriten.

En cambio en el Mercosur y el ALCA con más razón, no parecería estar dándose los mismos fenómenos. Hay dos monstruos, Brasil y Argentina y los demás a gran distancia potencial de los mismos. Y el Uruguay geopolíticamente con más razones de dependencias.

Obsérvense los múltiples ejemplos a través de la historia de situaciones similares de naciones que han desaparecido del mapa con mucho más antigüedad que nuestro amado «paisito». Pongamos las «barbas en remojo». Se está por crear el Parlamento del Mercosur. A imitación del europeo. Es muy peligroso. Hay que tener el debido cuidado de no perder soberanía e identidad particularmente con los vecinos.

Es una realidad, puede que casual, aunque no creo mucho en el azar, que un tercio del noreste uruguayo esté siendo «comprado» por brasileños.

Es notorio que establecimientos de tipo latifundista en Rivera, Tacuarembó, Cerro Largo, Treinta y Tres y Artigas son propiedad de «norteños». Y otro gran «pedazo» del suroeste, Colonia, Flores, San José, Soriano, en manos de argentinos. Son datos reales. El senador Carlos Julio Pereyra hace años que lo denunció. No es invento u ocurrencia mía. El despoblamiento del Interior, con su pobreza y olvido de parte de los gobiernos colorados, ayudan a incrementar el fenómeno. La gente joven, familias enteras con criaturas, que son el futuro de la Nación, se van del país.

Y son justamente la mano de obra y potenciales productores futuros de la defensa de la patria.

Y también es buena cosa recalcar y reconocer que no se tienen las mismas razones y hasta características milenarias para mantener identidades como los vascos, irlandeses, chechenos, etc., que terca y dignamente las siguen manteniendo.

Soy nacionalista. Antes que americano soy uruguayo. Me gustan mis tradiciones, mi bandera, himno, escudo, historia, costumbres y modismos. Todo lo que hace una nación. Quiero a mis hermanos. Pero nosotros somos nosotros, valga la redundancia. Defendernos de los imperios entre la familia latinoindo americana, me parece magnífico.

Pero sin caer en cambios de «dogales». Que «porteños y brasileños» se dediquen a lo suyo sin «indicarnos» nada. Es lo justo. *

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