Peajes: intransigencia del MTOP

Tal como se ha informado, a partir del próximo lunes 12 los automovilistas que circulen por la Ruta Interbalnearia deberán pagar los correspondientes peajes de ida y de vuelta.

Cuando a comienzos de los años sesenta se instalaron los primeros puestos de cobro de peaje en algunas rutas nacionales –a cargo, desde luego, del entonces denominado Ministerio de Obras Públicas–, los usuarios debían abonar una determinada cifra (sensiblemente menor, dicho sea de paso, a la que rige hoy) tanto a la ida como al regreso. Durante años, los domingos de nochecita y sobre todo después de un fin de semana largo o de un período de vacaciones masivas como las semanas de Carnaval y Turismo, largas colas de automóviles se formaban varios kilómetros antes del arroyo Pando. Aunque no tan importantes como el descrito por Cortázar en «Autopista del Sur», los embotellamientos, atascos o trancazos eran moneda corriente y se fueron tornando cada vez más largos en el espacio y en el tiempo a medida que crecía el parque automotor. En razón de ello, las autoridades del MTOP dispusieron, con buen criterio, que la tarifa se cobrara entera una sola vez, a la ida, como forma de evitar los congestionamientos dominicales del retorno.

Después que la administración herrerista otorgara la concesión de la construcción y mantenimiento de la Ruta Interbalnearia a una empresa privada, el precio de los peajes fue sufriendo aumentos claramente superiores a los índices medios. Este hecho motivó que muchos automovilistas –fundamentalmente aquellos que viven en la Costa de Oro y trabajan en Montevideo– optaran por evitar el paso por el peaje a la salida de Montevideo; los kilómetros de más significaban un gasto menor en combustible que el pago del peaje, ya que al volver hacia Montevideo, podían usar la ruta directa sin pagar.

Esta maniobra fue prontamente advertida por la empresa concesionaria, que movió cielo y tierra para combatir la evasión. El resultado ya lo conocemos. Contra viento y marea, contra opiniones insospechables (como la del Tribunal de Cuentas o –por otras razones– la de Policía Caminera), contra el clamor de los usuarios, Consorcio del Este logró que el MTOP autorizara el cobro fraccionado de la tarifa de peaje: la mitad a la ida y la otra mitad a la vuelta.

Esto significa volver a los embotellamientos y prescindir de una realidad social (la de los habitantes de la Costa de Oro) que evidentemente no le quita el sueño a las autoridades.

Como acertadamente apunta el periodista Daniel Martínez Soto en su informe sobre el tema publicado en nuestra edición de ayer, la política llevada adelante por la empresa concesionaria hasta el presente no habilita a suponer que el plus de ingresos que seguramente obtendrá haya de reflejarse en mejoras viales y beneficios para los usuarios. En efecto, la calidad –y la cantidad– de las obras realizadas están lejos de lo anunciado oportunamente: señalización inadecuada, carpeta asfáltica con rugosidades, acceso defectuoso a los puentes, etcétera; por otra parte, es un sinsentido que el tramo de la Interbalnearia entre el arroyo Pando y el Aeropuerto de Carrasco siga sin tener doble vía.

Esta es otra de las perlas para el no muy prestigioso collar que luce el Ministerio de Transporte y Obras Públicas.

¿A qué se debe tanto empecinamiento en satisfacer las demandas de un concesionario? *

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