2004, año electoral

Año electoral. Nuevas expectativas y aperturas. La realidad de las diversas colectividades comienzan a esbozarse. En el Frente la situación aparece en una primera fase electoral más clarificada. Hay un candidato «cantado» que es el dos de oros para ellos. El problema de Tabaré, de ganar, y aparece como favorito, sería después de los comicios y sentado a gobernante. Es notorio que aunque ganase con mayorías en la primera–y en ese caso, única– vuelta, tendrá que manejar un muy complejo panorama interno, donde tiene notorios discrepantes actuales y futuros. Sin hacer futurología, que en política es siempre problemático, es de presumir que necesitará «gobernabilidades» para el caso que quede en minorías circunstanciales y hasta permanentes, cosa corriente en las Cámaras. Por supuesto que todo se «compra». Pero también es cierto que hay precios y «precios». Comprar votos colorados es fácil por un «tiempito», y carísimo no sólo en costos materiales sino en consecuencias políticas.

Las discrepancias son abismales y el enfrentamiento constante desleal también es permanente.

El agua y el aceite. Transar con el coloradismo es hacerlo con las antípodas más enconadas.

Por el lado blanco, con Lacalle, si bien los enfrentamientos son más frontales, no son menos reales sus diferencias. Son sectores muy jugados a la derecha neoliberal, que cierran un diálogo futuro con cualquier concordancia ideológica.

No lo veo al «Cuqui» con parecidos enfoques y soluciones en problemas laborales, bancarios financieros, y mucho menos agropecuarios, con Tabaré. Son políticas dispares.

Tal vez, en política internacional, en materia de no intervención con algunos enfrentamientos imperiales, con claras excepciones en cuanto a la defensa cubana o venezolana y algunos etcéteras más, puede haber algún matiz remoto más cercano que con el batllismo jugado abiertamente a la política imperial yanqui.

Queda entonces Alianza Nacional, de Larrañaga. No descubro la pólvora buscando originalidades si presumo que es el único camino, fuera del Frente, que le queda a priori a un gobierno frentista de tener un diálogo más natural y fluido. Larrañaga basó toda su estrategia presente y futura en soluciones progresistas de carácter social.

Ataca el sistema bancario, recuérdense enfrentamientos con Bensión y discrepancias actuales con Alfie. Distante siempre de todo acuerdo programático y de gobierno con el batllismo, rechazando ministerios, con todo el compromiso que ello implicaba.

El quiebre de la coalición por diferencias sustanciales ideológicas del cual fue el responsable definitivo contra el «valle de lágrimas y lamentos» de otros sectores «desinteresados». E incluso en materia internacional, defendiendo el principio de no intervención tradicional blanco, forzando el manifiesto sobre la guerra criminal y alevosa contra Irak que sacó como única fuerza política el Partido Nacional.

Por otra parte, y no es poca cosa como antecedente, el equipo político del gaucho sanducero es gente nueva no contaminada y poco «usada» en las «quemazones y chamusquinas» tradicionales de los actuales políticos repetidos desde antes de la década del 60. Y no es exageración aseverar que los nombres encabezados con Julio María y don Jorge, el Cuqui, etc., por citar los más notorios, se repiten desde 1954 a la fecha. En distintos cargos, llevan la friolera de 50 años con algún altibajo golpista en el medio.

Todo un récord de permanencia pertinaz. Se puede afirmar que tienen «bulones» de acero en los sillones. Larrañaga es un viento «fresco» y diferente que renueva una atmósfera cargada de «siempre lo mismo».

Gane el Frente o Alianza, que es lo que las encuestas están dando, se marca con ambos un sentir de la gente por el cambio necesario que se debe dar y que incluso a nivel continental americano es una realidad en patrias hermanas. Alianza no es igual ni se pretende acercamiento alguno por cierto con el Frente. Pero hay enfoques, tal vez por influencias de sectores de origen blanco que allí cohabitan, con los cuales hay obvias afinidades.

Es evidente que éstas son mejores, sin duda, que las que se puedan tener con los colorados y muy batllistas de Julio María y don Jorge. Gane uno u otro, en la «pulseada» que las encuestadoras dan, Tabaré o el gaucho Larrañaga, la perspectiva, por fin, sería distinta en nombres, conductas y políticas que las repetidas durante 50 años. *

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