¿Consensos o acuerdos?
Desde varios sectores se oyen voces de alerta sobre el hecho de que, por regla general, los años electorales suelen estar pautados por un cierto inmovilismo político-gubernamental. La campaña propagandística, la lucha por convencer al electorado y los manejos internos en cada partido para resolver candidaturas, todo ello opera en el sentido de concentrar toda la atención y todo el esfuerzo para obtener el triunfo en octubre; por consiguiente, toda otra preocupación relativa a los problemas nacionales aún pendientes de solución pasa automáticamente a un segundo plano.
Asimismo, es común la preocupación por la posibilidad de actitudes y posturas demagógicas de parte de los dirigentes políticos, en un intento por congraciarse con la población. Esto se explica por el desprestigio en que han ido cayendo las instituciones y los gobernantes a los ojos de la opinión pública, que repite una y otra vez «los políticos son todos iguales», en una peligrosa aproximación a la consigna «que se vayan todos», que había hecho carne en los argentinos. Debemos rechazar frontalmente esa percepción, pues resulta claro que no es cierto que todos sean iguales. Sea como sea, el resultado del pasado referéndum –independientemente de las muchas lecturas que de él puedan hacerse– indica claramente que la población desautorizó al gobierno; no sólo desoyó las exhortaciones que efectuaron hasta el cansancio los líderes emblemáticos de ambos partidos tradicionales, sino que, al votar favorablemente la derogación de la Ley de Ancap, le enmendó la plana al establishment.
Pero volviendo al tema que nos ocupa, debemos reconocer que es legítima la preocupación por la posible inacción gubernamental. Es a lo que apunta el diputado del Partido Independiente Pablo Mieres en su habitual columna del matutino El Observador. «Sería una locura inexplicable –señala Mieres– dejar pasar el año y pico que falta para el nuevo gobierno sin tomar decisiones y sin avanzar en ciertas opciones vinculadas con diferentes campos del acontecer nacional».
Sin embargo, la propuesta del diputado independentista apunta a lograr ciertos consensos entre todos los partidos políticos con miras a resolver y tomar decisiones sobre determinados temas. Con todo respeto, entendemos que cuando la polarización ha llegado a un extremo tal como el que hoy vive nuestra sociedad, resulta vano pretender consensos.
Cuando lo que está en juego son dos visiones de país radicalmente antagónicas; cuando la derecha sigue apostando a un modelo injusto, perverso y agotado; cuando tanto las metas propuestas por el neoliberalismo como las herramientas para llegar a ellas están francamente en contra del interés y del bienestar de las grandes mayorías, parece realmente utópico pensar en consensos.
¿Cómo arribar a un consenso en materia tributaria, por ejemplo, si el oficialismo ha exhibido una férrea vocación por gravar el consumo, otorgar franquicias al gran capital y castigar al asalariado?
Sí creemos necesario que se logren acuerdos parlamentarios para hallar soluciones que reflejen de verdad los reclamos de esas grandes mayorías postergadas y castigadas por el modelo.
Acuerdos que hagan suyas las propuestas de grupos y sectores sociales que desde hace años vienen clamando por un cambio de rumbo ante la sordera y la falta de ideas del gobierno. *
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